Punto Final, Nº812 – Desde el 5 al 18 de septiembre de 2014.
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La verdadera misión del gobierno

 

La contraofensiva patronal llama a terreno a la Nueva Mayoría, y la arrodilla en sospechosa actitud. Los poderosos toman la iniciativa y anuncian una nueva temporada en la que perdedores y ganadores serán los mismos de siempre. ¿El mentado nuevo ciclo político?
Es la anunciada alianza estratégica público-privada que dejará en el andén la reforma laboral, educacional, de salud, laboral y previsional. La amenaza patronal se funda en el bajo crecimiento y en la pérdida de confianza de los inversionistas ante los anuncios reformistas, pero sus razones son más profundas que millones más o millones menos.
Y el ministro de Hacienda, acorralado en sus indefiniciones y afectado por esa mezcla de miedo y admiración que le generan los ricos, se rinde sin siquiera dar la batalla ante una muy clara advertencia: no se puede criticar al sector privado. Y se siente de lo más cómodo en ese escenario.
Para los inocentes que aún esperaban cambios significativos como los que se esbozaban en titulares del programa de gobierno, les habrá quedado muy claro que será mejor olvidar sus ensoñaciones. Y si a algún optimista de la alianza gobernante le quedó algo del ímpetu popular desplegado en la campaña electoral, esos espectros se evaporarán ante el caballazo, la atajada de “cuatro puntos buenos” que los poderosos asestaron en el ijar del gobierno, al que no parece incomodar la embestida, habría que agregar.
No pasará mucho tiempo para que estos patrióticos esfuerzos se coronen también en el ámbito de la política y nos enteremos que la alianza público-privada asume también lo relativo a una nueva Constitución.
Habrá que ver qué dice ahora la CUT, cuando sus anunciadas reformas laborales queden relegadas para cuando le dé gusto y ganas al gran empresariado, que es el que manda de verdad. En rigor, debería sacar a sus huestes enojadas a la calle, exigiendo que se cumpla lo ofrecido. Pero como sabe todo Chile, la CUT no mueve a nadie.
Habrá que ver también qué dice el PC ante la evidencia que el anunciado cambio de ciclo político no existe y no existirá. Por lo menos no en el sentido de entenderlo como un avance en la defensa y conquista de derechos de los trabajadores y de los estudiantes, pisoteados por los mismos que ahora son sus socios en el gobierno. Le correspondería, en rigor, exigir que se cumpla aquello por lo que dejó la Izquierda para aventurarse en el mundo del poder, y sacar a su disciplinada militancia a la calle exigiendo corregir el rumbo. O volver por donde entró.
Que se sepa, la anunciada alianza público-privada, el eufemismo que oculta la privatización de lo poco público que queda, no estaba en el sacrosanto programa de gobierno.
Lo cierto es que, si se revisa con calma la geometría que definen las nuevas alianzas anunciadas por el abrumado ministro de Hacienda y el optimista del Interior, lo que veremos en breve será un reforzamiento del sistema y volverán a ganar y a perder los mismos de siempre.
La Nueva Mayoría no tiene espaldas. Ante el monstruo abominable que se presenta con ropajes de empresario, el gobierno no tiene nada qué oponerle. Aquí es donde mejor pasa la cuenta que su presidenta haya sido elegida con apenas el veinticinco por ciento de los habilitados para votar. La calle es más que eso que se ve por la ventana y por donde pasan los desvencijados buses del Transantiago. No habrá un pueblo movilizado que exige los cambios ofrecidos, masas en la calle denunciando la maniobra patronal, exigiendo del gobierno el cumplimiento de su palabra. Nada de eso habrá.
Los estudiantes, el último bastión, estarán solos frente a la embestida que hará todo por falsear ofertas y consignas. Las contradicciones, inexactitudes y malabares del ministro de Educación se multiplicarán y en un momento dado, cerrará las mesas y los diálogos al costo que sea, va a imponer sus propuestas privatizadoras y antidemocráticas. Vayan a patalear al Congreso, dirá, poco antes de renunciar.
Mientras tanto, aumentarán eventos distractores: bombas en lugares de alta afluencia de público, altercados fronterizos, alguna aparición milagrosa o alguna otra novedad salida de las oficinas de la ANI y las agencias menos conocidas.
Y la suma de todo lo que se hará y sobre todo, lo que no se hará, volverá a comprobar que el gobierno de Michelle Bachelet no es sino una gigantesca operación política de los verdaderos amos del sistema, para que en cuatro años se logre recomponer, refaccionar, acomodar y perfeccionar aquello que por descuido, omisión, falta de prolijidad o excesiva mano blanda, había alterado el camino señalado para nuestro país.

Ricardo Candia Cares

(Publicado en “Punto Final”, edición Nº 812, 5 de septiembre, 2014)

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