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Arde México


Un amigo me escribe y me dice que México se ha convertido en un país podrido, chapoteando en sangre. No es así, México es un país hermoso, con culturas milenarias, cuya gente es inteligente, laboriosa, acogedora, que tiene enormes artistas y notables intelectuales. Un país que ha sido y sigue siendo un asilo contra la opresión. Y acuérdense: la revolución mexicana fue la primera revolución del siglo XX, antes de la revolución rusa, y también fue traicionada.

En la noche del viernes 7 de noviembre, el Procurador General de la República declaró que se habían encontrado restos calcinados en un basural de Cocula, un municipio cercano a Iguala, Guerrero, que podrían ser de los 43 estudiantes desaparecidos. Agregó que no puede dar seguridad absoluta sobre la identidad de los restos, hasta que no se hagan los análisis de ADN en Austria, porque en México no hay laboratorios adecuados.

Las familias no lo aceptan, acusan al Procurador de querer poner fin a la investigación, de no aportar pruebas convincentes y dicen que mientras no las tengan, seguirán reclamando que les devuelvan a sus hijos, vivos.

Las acusaciones de los padres, de otros estudiantes, de organizaciones no gubernamentales varias y de Amnistía Internacional, están subiendo de tono. La directora regional de ese organismo humanitario acusó al gobierno de ser “cómplice” en esta tragedia.

El alcalde de Iguala y su mujer, que ya están presos, sólo son peones de la gran trama del narcogobierno que está en todos los niveles: el municipal, el estatal y el federal. Y hay que entender que el gobierno de México tiene un poder omnímodo: cantidades ingentes de dinero, maquinarias políticas obedientes, medios de comunicación serviles, fuerzas represivas numerosas y eficientes, y ningún contrapeso. Pero parece que ahora la “dictadura perfecta” se les está desmoronando.

El descubrimiento de estos restos carbonizados puede ser la chispa que incendie la pradera. Esa misma noche quemaron la puerta del Palacio Nacional, el equivalente a La Moneda. En Chilpancingo, Guerrero, incendiaron el palacio estatal de gobierno, quemaron vehículos, cerraron la autopista a Acapulco. Pero eso no importaba tanto: Chilpancingo está “por allá lejos”. Pero ahora la furia llegó a la capital, lo que es absolutamente distinto.

Las marchas, desfiles y manifestaciones se multiplican. Hace un par de días eran básicamente de estudiantes, hoy se ha integrado otra gente, gente común, gente del pueblo. Y lo que resulta muy interesante es que a estas personas no las convocó ningún partido político ni ninguna organización conocida: se autoconvocaron por medio de las redes sociales, lo que nunca antes había pasado.

Ha habido una represión mínima, el viernes sólo aparecieron los granaderos para contener a la gente que quería incendiar el Palacio Nacional: un par de heridos leves pero ninguna bala, no llegó la sangre al río. Unos pocos detenidos que seguramente pronto saldrán en libertad. En eso el gobierno mexicano es mucho más inteligente que el chileno. Claro, eso es hasta ahora. Podría cambiar radicalmente.

El domingo 9, a la una de la tarde, la caravana de protesta “43x43”, que salió hace días de Iguala, llegó al Zócalo de la capital. No pasó nada.

Día tras día aparecen declaraciones de diversas universidades, de intelectuales, de organizaciones no gubernamentales… “Avergüenzan al país los hechos de Iguala”, dice el rector de la UNAM.

Da mucha pena que la gente se tenga que avergonzar de su propio país, como nos pasaba a nosotros en tiempos de la dictadura.

Los sindicatos importantes, como el petrolero y el de maestros, no se han plegado a las protestas. Es natural, puesto que estos sindicatos -y en general todo el movimiento sindical mexicano- están absolutamente corrompidos, dominados y manejados por el PRI, es decir por el gobierno. Y algunos por el narcotráfico. Esto, con las debidas y honrosas excepciones.

México es un país tan rico, que los millonarios de Chile son una alpargata al lado de los mexicanos: el hombre más rico del mundo es mexicano. Y sin embargo, hay una miseria inimaginable: en los pueblos del interior o en los campos todavía se ven niños y mujeres a pie pelado y hambrientos.

La pobreza y el desempleo son terribles y van en aumento, entre otras razones porque se ha restringido mucho la migración hacia Estados Unidos. Hay pueblos enteros que se quedan sin hombres porque todos se van al país vecino huyendo de la miseria. Es la válvula de escape que tiene México. Uno de los principales ingresos nacionales está constituido por las remesas que mandan los mexicanos que han logrado llegar “al otro lado”. Pero esto se está acabando por el endurecimiento de las medidas antimigratorias, las deportaciones masivas que realiza el gobierno norteamericano y la recesión que se acentúa en Estados Unidos: ya no hay trabajo para los migrantes, la válvula de escape se cierra.

Estos hechos horrendos que han estremecido al mundo quizás sirvan para que las cosas empiecen a cambiar, para que la sociedad civil se organice y tome las riendas en sus manos. Y para que en lugar de tanta sangre, se vea en este país, como dijo Neruda, a esos“pueblos / que tejían la fibra / guardaban el porvenir de las cosechas / y en enredaderas textiles / expresaban la luz del mundo. Y los Mayas habían derribado / el árbol del conocimiento / conducían la medicina, escribían sobre las piedras”.

Margarita Labarca Goddard

(Publicado en “Punto Final”, edición Nº 817, 14 de noviembre, 2014)

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