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Bolseros y conspiradores

 

 

Andrés Santa Cruz, Hermann von Mülenbrock.

Andrés Santa Cruz López, presidente de la Confederación de la Producción y el Comercio (CPC), y Hermann von Mülenbrock Soto, presidente de la Sociedad de Fomento Fabril (Sofofa), se creen dueños del país… y en verdad lo son, si observamos cómo manejan -con el dedo meñique- al gobierno, el Parlamento y, sobre todo, el presupuesto de la nación. Unos bolseros y conspiradores que estrujan beneficios tributarios, concesiones de obras públicas, blanqueo de capitales y hasta viajes y banquetes. Su víctima es un gobierno debilucho al que, llegado el caso, no dudarían en empujar al abismo. Su labor de zapa ha fortificado las posiciones de la empresa privada, obtenidas bajo dictadura, hasta hacerlas inexpugnables, acentuando así la tremenda desigualdad social que padece nuestro país.
Santa Cruz pertenece al empresariado agrícola y Von Mülenbrock al sector metalúrgico. Por separado, cada uno es de temer. Pero juntos y al frente de su banda, no se diga: hacen temblar al país. Eso es, precisamente, lo que vienen haciendo. Amenazan a Chile con miserias y desgracias terribles si el gobierno no termina con lo que denominan un “clima antiempresarial” que pone en peligro el sacrosanto mercado.
Sin embargo, ese clima existe solo en la imaginación de ellos y en las páginas de El Mercurio. Es una miserable estratagema para jibarizar las ya de por sí enclenques reformas de modernización del Estado neoliberal. No es que el empresariado esté contra las reformas. Las conocieron y apoyaron con aportes financieros a la candidatura de Bachelet. Saben que la reforma educacional, por ejemplo, es indispensable para aumentar la capacidad productiva de profesionales, técnicos y obreros. En el marco capitalista esa reforma permitirá explotar más y mejor a la población activa y a la vez, mantener sumisos a los esclavos del crédito. El proyecto no le hace mella a los fundamentos de un sistema educacional para formar dóciles clientes del mercado. Lo mismo ocurrirá, sin duda, con la “reforma” laboral y las demás que esperan turno. Así sucedió con la “reforma” tributaria que salió a pedir de boca del empresariado desde la cocina del Senado.
No obstante, aunque tienen ganada la pelea, los caraduras de Santa Cruz López y Von Mülenbrock Soto continúan atemorizando al país. Buscan hacer retroceder aún más a un gobierno con una tendencia irresistible a la conciliación. La pandilla de Santa Cruz López y Von Mülenbrock Soto aprieta todavía más el dogal a quienes parecen disfrutar su propio deterioro.
Matones como Von Mülenbrock Soto -que en la cena de la Sofofa abusó de la bonhomía de la presidenta para ladrar amenazas y pronósticos terribles-, han conseguido imponer -este sí es verdadero- un clima de amedrentamiento. Se apoya en las cifras del agotamiento de un modelo esquilmado por la superexplotación de los recursos. La audacia sin escrúpulos de los dirigentes empresariales ha construido un escenario -con activa participación de la Iglesia Católica que también ha salido a defender sus bienes terrenales- que pone en riesgo las reformas. Se ha llegado al extremo grotesco de sugerir hasta un golpe de Estado si el gobierno persistiera en cumplir su programa.
Con El Mercurio  convertido -¡otra vez!- en diligente portavoz de la oposición, el frente enemigo de las reformas es temible. De nada le valen al gobierno sus intentos de neutralizar a la mafia empresarial. Resulta penoso que cada vez que la presidenta viaja, replete el avión con una comitiva de buitres hambrientos. Santa Cruz López y Von Mülenbrock Soto no se pierden esos viajes con banquetes y recepciones incluidos, todo por cuenta del Estado. Sus principios mercantilizados les permiten bolsear y conspirar a la vez contra quien les tiende una mano generosa.
Sería inútil sugerir a la presidenta que no busque aliados en el campo equivocado. Impulsar las reformas contra viento y marea -y apoyada en el pueblo- no parece estar en su horizonte político. Menos aún meter en cintura a los bolseros y conspiradores. Pero, cuidado. A espaldas del gobierno hay una inmensa soledad que va creciendo. Al final de ese páramo, está el abismo. Lo avisan las encuestas cada vez más desfavorables. No se trata de un rechazo a las reformas, como quieren hacer creer los trompeteros mercuriales. Todo lo contrario. La base social de apoyo al gobierno está decepcionada porque no se impulsan las reformas tal como fueron prometidas. El pueblo ya no cree en promesas que se diluyen en conciliábulos con la CPC y la Sofofa. El gobierno tenía como objetivo estratégico cerrar la brecha de incredulidad e indiferencia que significó la abstención del 60% en la elección presidencial. Pero en vez de avanzar a paso firme, su marcha es la del cangrejo. Un panorama desalentador para los partidarios de los cambios. Plantea la necesidad de echar las bases de una fuerza independiente capaz de llevar a cabo los cambios profundos que se van postergando.

MANUEL CABIESES DONOSO

(Editorial de “Punto Final”, edición Nº 818, 28 de noviembre, 2014)

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