Punto Final, Nº 865 – Desde el 25 de noviembre hasta el 8 de diciembre de 2016.
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El millonario y el zar

 

Todos escriben sobre Trump. La mayoría está espantada, nunca se había visto a un presidente de EE.UU. que causara tanto pavor. Pero otros dicen que es bueno, como James Petras, por ejemplo, aunque no se advierte en su nota ese afecto sincero que acostumbra a prodigar.
Los mexicanos están aterrados con razón, porque el tipo los odia, no cabe duda. Allá hay más de doce millones de mexicanos y Trump dice que los va a deportar, comenzando por dos o tres millones. En México no hay trabajo, y menos trabajo bien remunerado. Los esperamos preocupados y con mucha compasión.
Pero una de las cosas interesantes que pueden comenzarse a discutir es ¿por qué ganó Trump cuando nadie se lo esperaba? Fácil de responder: porque los grandes medios de comunicación -el New York Times entre otros- dijeron que era seguro que ganaba Hillary. Y no es porque se hayan equivocado, sino porque querían que ganara Hillary. Al darla por vencedora, creían asegurar su triunfo porque hay mucha gente que juega a ganador. Pero no funcionó el sistema: los votantes se pusieron maquiavélicos y eligieron al adversario. Lo mismo que en Francia cuando se votó la Constitución europea. Le hicieron tanta propaganda y los contrarios no hicieron casi ninguna, que el pueblo desconfió y votó en contra.
Hay algo que llama la atención: en las últimas décadas se ha puesto de moda que los presidentes de Estados Unidos -y de otros países también- tengan mujeres bellísimas. Antes no era así, a lo mejor se pensaba que una mujer demasiado hermosa no era apropiada para primera dama. Basta ver las fotos de la señora Eleanor Roosevelt... Y el marido tan guapo, ¿verdad? Las demás fueron bastante corrientes, ni chicha ni limoná. Pero la moda de las bellezas despampanantes la inauguró John Kennedy. Jacqueline daba la tónica en modas, peinados, lo que fuera. Y además, distinguida. Y Clinton, cuando era presidente tenía a una Hillary joven, bastante competente. Pero se buscó a la señorita Lewinsky, nada del otro mundo, quizás porque ya desde entonces doña Hillary era pesada e hinchapelotas. Y Obama tiene una mujer bella, culta, elocuente, en fin, estupenda. Perfecta para los pocos que no son racistas ni machistas.
Y yendo a lo actual, vemos que la esposa de Trump -la tercera o cuarta- es una bataclana oriunda de la ex Yugoeslavia. Preciosa, naturalmente. Salió pilucha en una revista, pero eso no importa, la mujer de Sarkozy también. Parece que eso da cachet y atrae votos.
No sé si eso puede haber influido, pero no hay duda de que en EE.UU., un tipo que tiene una mujer fea, fea con ganas, mejor no se presenta de candidato o bien se divorcia y se busca una joven curvilínea, aunque sea analfabeta.
Otra de las razones por las cuales ganó Trump puede ser que se llama Donald, igual que el pato. Porque el Pato Donald representa muy bien al país auténtico y profundo.
Y decir que va a expulsar a todos los mexicanos, musulmanes y otros que no sean wasp (white, anglo-saxon and protestant), suena muy bien a los oídos del Ku Klux Klan, gran institución de esa nación profunda que votó por Trump.
Pero los gringos nos dan sorpresas: primero eligen a un negro inteligente, culto, un intelectual. Todos pensaban que el candidato Obama no llegaría ni a la esquina, y menos con ese nombre tan sospechoso. ¿No lo pensaron ustedes? Apuesto que sí. Y sin embargo ganó. Pero no hizo casi nada bueno, seguramente porque no lo dejaron, pobrecillo. Porque no es sólo en Chile, sino en el mundo entero donde los presidentes no gobiernan, sino que lo hacen los que tienen la plata.
Y ahora, nueva sorpresa: eligen a un tipo con fama de loco, de irresponsable. El dice que se hacía el loco para obtener propaganda. En todo caso, el hombre puede ser loco pero no imbécil. Otras bombas quizás pueda lanzar, pero la atómica no creo. Porque cualquiera sabe que si lanzas una bomba atómica, te contestan con otra y ahí viene el acabo de mundo.
Y también pienso que conocemos muy mal a Norteamérica, que nos guiamos por estereotipos a menudo falsos.
Un millonario con un peinado que no se sabe si es parrón, tupé, peluca o qué. Este magnate es el campeón de los yanquis pobres, siempre que sean blancos, naturalmente. Porque de los negros pobres, ni hablar.
Y un dato curioso: Trump y Putin son muy amigos y están de acuerdo en casi todo. Es como para escribir un cuento de hadas: El millonario y el zar.
America great again, es su consigna. Porque ellos son América y nosotros no somos nada, no existimos. Pero que sea grande nuevamente, implica reconocer que ya ha dejado de serlo. Y es cierto, porque el mundo actual es multipolar: China, Rusia, Brasil, India, están desplazando la supremacía norteamericana. Que sea el Pato Donald el llamado a restablecer esa supremacía, me parece dudoso. La “America” de los wasp va cuesta abajo en la rodada. Sueñan con el pasado que añoran…y que nunca volverá (1).

Margarita Labarca Goddard

  1. Tango “Cuesta abajo”.

 

(Publicado en “Punto Final”, edición Nº 865, 25 de noviembre 2016).

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