Punto Final, Nº 867 – Desde el 23 de diciembre de 2016 hasta el 5 de enero de 2017.
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Construir desde abajo: ¿qué parte no se entiende?

Las elecciones del próximo año han acelerado el ímpetu de quienes postulan un frente amplio como efectivo oponente a la maquinaria apestosa del duopolio que pasa por su peor momento.
Numerosas y desconocidas siglas se han dado a la tarea de crear un frente que los agrupe para erigirse como la alternativa tan buscada por el pueblo. Circulan nombres para candidatos a todo, incluido para presidente. Algunos grupos que componen la iniciativa provienen de lo que dejó el ímpetu formidable del movimiento estudiantil, hasta que declinó cuando no supieron qué hacer con su fuerza y se conformó con la pelotita de trapo de la gratuidad que le prestó el gobierno.
Hasta ahora no se tiene noticias de que en ese frente haya representación de los trabajadores y del extenso mundo popular que todo este tiempo ha sostenido sus luchas.
La idea del frente amplio tiene en cuenta la corrupción del sistema, el desfonde el duopolio y el castigo a que se somete al pueblo, con increíble entusiasmo, por parte de los gobernantes. Se abre, por consiguiente, la necesidad de una referencia que represente esa ira contenida y se exprese electoralmente.
Se ha comprobado que cuando existe una alternativa seria al duopolio descascarado, la gente abandona su desazón y acude a votar, tal como se verificó en Valparaíso en las elecciones de alcaldes.
El ejemplo peligroso del pacto La Matriz en Valparaíso reside en que, a partir de las peleas locales, la gente abusada por las autoridades y su desprecio por los barrios, la depredación de sus entornos y castigada por la economía, puede ir más allá, sin más organización que la que emerge de sus propias decisiones.
Desde que la Izquierda quedó sin ideas y sin mística, en que algunos simplemente se cambiaron de bando, el campo de la política quedó disponible para los poderosos, sinvergüenzas y ladrones que se hicieron cargo del país luego que los militares decidieran su repliegue táctico. La inexistencia de una Izquierda que proponga ideas nuevas ha permitido al duopolio hacer lo que se le ha ocurrido para afianzar el neoliberalismo.
Y ahora, numerosos colectivos y pequeños partidos sin ninguna relevancia electoral, intentan sumar sus siglas para proponerse la representación del pueblo de Chile por medio del “Frente Amplio”.
Entonces no deja de llamar la atención lo cupular de la iniciativa y su falta de anclaje real con el mundo popular. Desde ese punto de vista, no todo es tan nuevo en esta iniciativa. Un frente amplio configurado como hasta ahora, no sirve. Lo que se necesita es un movimiento tal, que sea capaz de vincular las miles de peleas populares aisladas unas de otras, en una sola consigna que interprete esas peleas y las impulse a los niveles de enfrentamiento en donde de verdad le duela al sistema: en donde tiene parte importante del poder.
Se necesita de una Izquierda inmersa en peleas concretas, salud, educación, ambientes sanos, pensiones dignas, sueldos justos, instituciones que sirvan, derechos sociales y políticos y que en un horizonte no muy lejano, se propongan cambiar el paradigma que hoy construye una mierda de país, castigador de sus gente y premiador del malvado.
Y para ese efecto es necesario desterrar todo aquella pretensión que proponga la repetición estéril de lo que ha fracasado una y otra vez.
El mundo ha cambiado, menos la Izquierda. Las recetas de los más encumbrados pensadores ya no son todo lo infalibles que parecían. La realidad, porfiada como ella sola, verifica a cada paso que es una loca de atar.
Una construcción de una Izquierda afincada en el presente debe respetar a la gente, escucharla, respetar sus decisiones. Ya no es necesario que dirigentes benefactores suplanten las legítimas decisiones de la gente. Hace falta que sean los propios trabajadores, los colectivos de pobladores, los mineros y pescadores, los profesores, los mapuches, el mundo organizado o no, los numerosos colectivos de jóvenes que se mueven en sus barrios, la gente que defiende sus poblaciones, los valiosos artistas de Izquierda, los intelectuales, en fin esa gente que no reconoce militancia alguna, entreguen su opinión y se organicen según sea la necesidad.
Y que se construya desde abajo.
Se abre un espacio para disputar al duopolio en el escenario electoral. La realidad demuestra que es posible ir por sus poltronas y desalojarlos.
El voto universal, conquista del pueblo que se logró mediante mucha pelea, persecución, represión y muertos, es una herramienta no desdeñable para enfrentar al sistema. Pero a condición de que el pueblo juegue el rol protagónico.
Si el Frente Amplio del que ya se comienza a hablar, no considera que los tiempos han cambiado e insiste en no leer la realidad, estará condenado a ser un nuevo intento que tampoco entendió.

Ricardo Candia Cares

(Editorial de “Punto Final”, edición Nº 867, 23 de diciembre 2016).

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