Punto Final, Nº 870 – Desde el 3 hasta el 16 de marzo de 2017.
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Matar amablemente


PF me pide analizar si están creándose condiciones para desarrollar un movimiento antimperialista desde México con apoyo latinoamericano.
Empezaré por un reproche muy merecido a los chilenos. Porque, ¿saben una cosa? México está en América Latina, igual que todos los que nos decimos hermanos. Parece que se les ha olvidado, porque no veo a nadie que en Chile esté proclamando: “Todos somos mexicanos”. Ya sé que esto lo dijo Ricardo Lagos, que no es santo de mi devoción, pero lo que es justo es justo y hay que reconocerlo. ¿En Chile a nadie le importa el drama que está viviendo México? Aquí todo el mundo está temblando. El detalle es que Trump amenazó con mandar tropas, supuestamente para combatir al narcotráfico. Enfrentarse al ejército más poderoso del mundo no es broma, sobre todo con esta “tremenda” solidaridad de América Latina. El movimiento antimperialista en apoyo a México no lo veo por ningún lado.
México es la principal y preferida víctima de Donald Trump. Para este país latinoamericano, Trump es un enemigo mortal. Trump se ha dedicado a atacar a México en forma feroz, grosera y amenazante. Ha deportado montón de gente alegando que son delincuentes. Obama también deportó a millones, bombardeó todo el Medio Oriente y no dejó títere con cabeza, pero era tan simpático, tan fino e inteligente, un encanto, vamos.
En Estados Unidos viven y trabajan entre 12 y 35 millones de mexicanos o descendientes inmediatos de mexicanos. Las cifras son muy variables, pero así se dan. Me parece que deben estar por la mitad, unos 17 millones. Las discrepancias se producen si se toma en cuenta sólo a los nacidos en México, o a los hijos de éstos nacidos en Yanquilandia pero que sus padres no pudieron inscribir por no tener “papeles”. Los migrantes se fueron por necesidad, porque el salario mínimo en este país llega apenas a 80 pesos diarios, alrededor de cuatro dólares, o sea unos 76.000 pesos chilenos al mes. Hay muchísima pobreza. Diez millones de personas no tienen acceso al agua potable y otros 13 millones la reciben contaminada. En México hace muchos años que no se puede tomar agua de la llave, hay que comprarla.
Entre 60 y 70 migrantes mueren cada mes tratando de cruzar a Estados Unidos. Las cifras auténticas son difíciles de conocer, porque cuando aparece un cadáver en el desierto, nadie lo conoce: no se sabe quién es, no se le avisa a nadie. La familia se da cuenta después de meses o años, porque el marido o hijo no se comunicó nunca más. ¿Y el muro? Los mexicanos se jajajean del famoso muro de Trump. Siempre ha habido muros, rejas y balas. Pero cruzar se puede, ese no es el problema, dicen. Arriesgan la vida porque son fatalistas.
México vive en gran parte por las remesas que llegan desde EE.UU. Es el principal ingreso después del petróleo. Los emigrados no se olvidan de su país ni de su familia y siempre envían su platita. Millones de dólares se reparten entre la gente del campo y los pequeños pueblos. Si dejan de recibir esas remesas o reciben mucho menos, lo que va a llegar es el hambre. ¿Y qué se hará entonces?
Todos tratamos de comprar lo fabricado en México, espontáneamente, sin habernos puesto de acuerdo. No hay nada mejor que tener un enemigo común para lograr la unidad del pueblo.
Ha habido marchas de protesta, pero débiles. ¿Por qué? Porque la gente ve en esas manifestaciones un apoyo al gobierno. Y el pueblo no quiere solidarizarse con un gobierno débil y corrupto.
Fueron mucho más grandes -en realidad enormes y en todo el país- las marchas contra el “gasolinazo”. Y también cuando desaparecieron los 43 estudiantes de Ayotzinapa. Porque fueron marchas contra el gobierno, contra los políticos corruptos que todo el mundo odia pero finalmente vota por ellos.
Pero contra los yanquis, contra Trump, ¿qué se puede hacer? Nadie ha planteado ideas claras. El hecho es que Trump les tiene odio parido a los mexicanos. La gente que sabe, dice que es porque una vez trató de seducir a una actriz oriunda da acá, la mujer más bella del mundo, ya fallecida. El gringo aplicó su conocido sistema del collar de perlas y el agarrón. Pero ella tenía siete collares de perlas, un rebaño de elefantes y era de armas tomar. De un solo karatazo lo dejó fuera de combate.
Lo demás se conoce muy bien. Trump se ha enemistado con Pedro, Juan y Diego. Parece decir “Yo solo contra el mundo”. Y lo más grave, en mi opinión: se ha echado en contra a la prensa más importante e influyente de EE.UU. y del mundo.
En todo caso, mirando las cosas desde el punto de vista de América Latina, concretamente de México, el asunto se ve fatal. Por eso es bueno recordar que México siempre ha sido solidario con los chilenos. Desde luego, fue el único país del “mundo occidental” que no reconoció a la dictadura y rompió relaciones diplomáticas con el régimen militar durante todo ese periodo. Y a los exiliados nos recibió con los brazos abiertos. Ninguno de nosotros ha visto jamás aquí un gesto de discriminación ni menos de rechazo del pueblo mexicano. Al contrario, la fraternidad y cordialidad con que nos han tratado son conmovedoras.
¿En qué quedará el movimiento antimperialista que debería comenzar aquí? No va a pasar nada. Porque México solo, sin ninguna solidaridad ni apoyo de sus hermanos latinoamericanos ni de otros continentes, no puede comenzar un enfrentamiento antimperialista. El imperialismo va a salir de esto maltrecho, pero va a salir. Los norteamericanos no tienen ningún interés en desencadenar una guerra. Porque los intereses económicos que se juegan son gigantescos. México es un buen socio, un buen amigo, compra muchísimo, vende mucho y proporciona mano de obra barata y sistemas de maquila muy cercanos. No tienen ninguna necesidad de pelearse con nadie, sólo porque un demente quiera patear el tablero.
A Trump lo van a sacar los mismos gringos. No necesitan matarlo como a Kennedy, basta con un empeachement. Recordemos que a Clinton estuvieron a punto de destituirlo por una ridiculez.
La Enmienda XXV de la Constitución de Estados Unidos dispone en su Sección 1: “En caso de que el presidente sea depuesto de su cargo, o en caso de su muerte o renuncia, el vicepresidente se convertirá en presidente”.
Hasta ahora Trump tiene mayoría en ambas Cámaras, pero eso puede cambiar. Ya le han bajado a dos peones, dos integrantes de su ministerio. Y parece obvio que ninguna empresa yanqui va a querer perder dinero, mercados y negocios porque hay un loco al volante. Convendría ir averiguando quién es Michael Pence, que quedaría de presidente. Momio, pero mejor que Trump sin duda, porque peores no creo que haya. Supongo que Pence será un caballero bien educado. Porque cuando se tiene un enemigo, es mejor que sea un enemigo sonriente, que da la mano antes de sacar la pistola, y no un sujeto vociferante con cara de perro. Pensemos: ¿por qué a casi todos nos gustaba Obama? Por eso, porque mataba amablemente.

MARGARITA LABARCA GODDARD
En Ciudad de México

 

(Publicado en “Punto Final”, edición Nº 870, 3 de marzo 2017).

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