Punto Final, Nº 872 – Desde el 31 de marzo hasta el 13 de abril de 2017.
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El cerrojo y la ganzúa

Se ha dicho en PF que la Constitución que nos rige impide cualquier cambio democrático en el país. Muy cierto, porque esta Constitución es la dictadura misma, es como si ellos siguieran gobernando, tal como pretendió Jaime Guzmán. Porque si queremos cambiar la seguridad social y que se terminen las AFP, ahí está el artículo 19º que exige un quorum calificado, es decir muy alto y difícil de alcanzar. ¿Queremos que el gobierno instale refinerías de cobre, para no vender puro concentrado sino alambre que es mucho más productivo? Pues el Estado no puede hacer nada que tienda a beneficiar el interés común, porque es subsidiario, todo lo debe hacer la empresa privada con fines de lucro. Para cambiar esto también se requiere un quorum calificado. ¿Queremos que se nacionalice nuevamente el cobre? Hay que pagarles a las concesionarias la pepa del alma, algo imposible económicamente, como establece el mismo artículo 19º constitucional. ¿Queremos una educación pública gratuita y de buena calidad? Pues otra vez el artículo 19º le pone trabas con el falso pretexto de la “libertad de enseñanza”. ¿Queremos expropiar algunos bienes que la dictadura regaló o vendió a vil precio a sus amigos y parientes, como Soquimich, por ejemplo? Pues hay que pagar al contado. En fin, no les digo más: la Constitución de Pinochet es, como se dijo en el editorial de PF 870, un cerrojo que no nos deja avanzar.
Por cierto que cualquiera del duopolio que gane da lo mismo. Hasta ahora han gobernado las dos derechas y no ha sucedido nada importante, todo lo que es fundamental se conserva igual que con la dictadura. Ahora, si gana alguien de afuera del duopolio, que quiera hacer cambios de verdad, tendrá que convocar a una Asamblea Constituyente en que participe todo el mundo y se discutan todos los temas hasta agotarlos, sin plazos ni condiciones.
Felizmente la idea de la Asamblea Constituyente ha logrado introducirse en la conciencia de mucha gente. Hay que reconocer que numerosos compañeros han estado haciendo ese trabajo desde hace más de 10 años y han logrado poner el tema en la agenda política. Ese trabajo en el seno del pueblo se ha comenzado a hacer, pero hay que profundizar y explicar más la relación de la Constitución con los problemas concretos que afectan a la gente en su vida diaria.
Pero, ¿cómo vamos a cambiarla si la misma Constitución vigente lo impide? Porque Jaime Guzmán era muy habiloso y por eso hizo una Constitución prácticamente inmodificable. Pero no consideró -porque no quería hacerlo y menos decirlo para que no se dieran cuenta- que la soberanía reside en el pueblo, que el pueblo soberano está por encima y antes que cualquier Constitución. El pueblo crea las Constituciones y las normas que rigen la convivencia humana. Porque la Constitución y las normas jurídicas no nacieron antes que la gente, obviamente. Los primeros habitantes del planeta se fueron dando a sí mismos, por necesidad, normas de convivencia, las perfeccionaron con el tiempo y finalmente llegaron a las Constituciones. En alguna etapa de la historia los jefes, los reyes, los zares, se apropiaron de la soberanía popular y se proclamaron constituyentes. Pero esto es una falacia conocida. Por lo tanto, la Constitución chilena sí se puede cambiar por otra elaborada por el pueblo soberano. ¿Acaso dios creó a Adán y Eva y les entregó de inmediato la Constitución de Jaime Guzmán?
Algunos han propuesto realizar una Asamblea Constituyente autoconvocada, pero muchos de nosotros no creemos en eso. En principio el pueblo se puede autoconvocar, naturalmente. Pero la autoconvocatoria tiene que provenir de la mayoría de la gente, de otro modo no sería válida. Y hasta ahora los que plantean la Asamblea Constituyente autoconvocada son pocos.
Pero no hay que creer que la mera Asamblea Constituyente es una ganzúa que abre todas las puertas y resuelve todos los problemas. No nos engañemos. La Asamblea Constituyente puede resolver los problemas según los contenidos de la nueva Constitución. Porque la Constitución es la forma que se le da a algo mucho más profundo, es la envoltura jurídica del país que queremos crear. Para que se acabe con el modelo económico de la dictadura, para que se establezca un sistema democrático, participativo, respetuoso de los derechos humanos, solidario y no egoísta y consumista, honesto, el pueblo debe estar preparado, consciente, dispuesto a luchar y ganar sus derechos. Y esa concientización, esa politización de un pueblo hasta ahora bastante despolitizado, es la tarea que tenemos por delante. Ya se ha avanzado mucho en relación con lo que había hace algunos años. Seamos optimistas, Chile no nació ayer, tiene una larga tradición de organización, de conciencia y de lucha que se va recuperando. Pero la Asamblea Constituyente hay que prepararla muy bien y ganarla. Sólo así podrá convertirse en una ganzúa

Margarita Labarca Goddard

 

(Publicado en “Punto Final”, edición Nº 872, 31 de marzo 2017).

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