Punto Final, Nº 882 – Desde el 18 hasta el 31 de agosto de 2017.
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El día emblemático de la reforma universitaria

 

El cardenal Raúl Silva y Miguel Angel Solar, presidente de la Feuc, firman el convenio que terminó con el conflicto.

 


A comienzos de 1965 el presidente Eduardo Frei Montalva envió al Congreso un mensaje para modificar el artículo 10° de la Constitución, referido al derecho de propiedad, con el propósito de realizar una reforma agraria más profunda que la iniciada por el gobierno derechista de Jorge Alessandri. Los terratenientes, principales afectados, reaccionaron a través de una seguidilla de inserciones en el diario El Mercurio firmadas por jóvenes universitarios reunidos en torno a la revista Fiducia. Eran unos 800 suscriptores, casi todos provenientes de familias ultraconservadoras que en los años siguientes serían los más duros enemigos del gobierno de Frei y luego de la Unidad Popular.
La declaración de Fiducia en El Mercurio contó con el apoyo del arzobispo de La Serena, Alfredo Cifuentes, que varios años antes había tratado de que se excomulgara a los fundadores de la Falange Nacional, origen del PDC. También adhirieron a la publicación la junta ejecutiva del Partido Conservador, la Sociedad Nacional de Propietarios Urbanos, la Sociedad Nacional de Agricultura, la Sociedad Nacional de Minería, la Sociedad de Fomento Fabril, la Cámara Central de Comercio, la Unión Social de Empresarios Católicos, la Confederación de la Producción y el Comercio y el Instituto Chileno de Administración de Empresas (Icare).
La derecha se aglutinó rápidamente para defender sus intereses. En abril de 1966 se reunieron liberales y conservadores para fundar el Partido Nacional (PN), e invitaron a sumarse a los nacionalistas del exministro Jorge Prat. El primer presidente del PN fue Víctor García Garcena, secundado por el pratista Sergio Onofre Jarpa Reyes. En esa misma semana, en el Aula Magna de la Universidad Católica de Valparaíso (UCV), se efectuaron las Terceras Semanas Sociales. El tema central fue “La Propiedad Privada: ¿Obstáculo o Valor?”.
En la Escuela de Derecho de la Universidad Católica de Chile, en Santiago, se agruparon los sectores más reacios a los cambios. Entre los profesores destacaban Jaime del Valle, Sergio Miranda Carrington, José María Eyzaguirre, Arturo Aylwin, Enrique Evans, Ramón Luco, Alejandro Silva Bascuñán, Gustavo Cuevas Farren y Víctor García Garcena. Bajo la influencia de estos académicos conservadores, en marzo de 1967 se constituyó el Movimiento Gremialista, que emitió una declaración de principios firmada entre otros por Manuel Bezanilla, Sergio Gutiérrez, Arturo Irarrázabal, Alfredo Foster, Jovino Novoa, José Joaquín Ugarte, Maximiano Errázuriz, Raúl Lecaros, Hernán Larraín, Jaime Náquira, Juan Pablo Bulnes y Eugenio Guzmán.
Ellos estaban seguros de que en los meses siguientes habría una arremetida política sobre la Universidad Católica, dirigida por los “chascones” o “iluminados”, jóvenes de la Juventud Demócrata Cristiana (JDC), que estaban alcanzando rápidos acuerdos con la Izquierda.
A comienzos de mayo de 1967, Fiducia se presentó públicamente como Sociedad Chilena de Defensa de la Tradición, Familia y Propiedad. Su presidente era Patricio Larraín Bustamante, acompañado en la directiva por Patricio Amunátegui Monckeberg, Cristián Vargas Lyon, José Miguel Lecaros Mackenna, Jaime Antúnez Aldunate, Alejandro Bravo Lira, Max Griffin Ríos, Gonzalo Larraín Campbell, Fernando Larraín Bustamante, Alfredo MacHale Espinoza, Luis Montes Bezanilla, Héctor Riesle Contreras y Mauricio Vargas Lyon.

REBELION EN VALPARAISO
El 15 de junio de 1967 profesores y alumnos ocuparon la Escuela de Arquitectura de la UCV y firmaron un manifiesto que fue el primer eslabón de la reforma universitaria que se extendió a todas las casas de estudios superiores del país. Aquella escuela había sido refundada en 1952, cuando varios arquitectos fueron despedidos de la UC de la capital. El sacerdote jesuita Jorge González Förster, entonces rector de la UCV, los invitó a integrarse a esa casa de estudios. Llegaron los arquitectos Alberto Cruz, Miguel Eyquem, Fabio Cruz, Arturo Baeza, José Vial, el pintor Francisco Méndez y el poeta Godofredo Iommi. Poco después se les unieron el escultor argentino Claudio Girola y los profesores Hugo Montes, Romolo Trebbi, Claudio Díaz y Ernesto Rodríguez. Ellos fueron los cerebros del manifiesto que impulsó la reforma; en especial Godofredo Iommi, quien había alcanzado cierta celebridad al conquistar a la esposa del poeta Vicente Huidobro.
Seis días después, el 21 de junio, varios cientos de alumnos se tomaron la casa central de la UCV. Entre los principales líderes estudiantiles estaban Raúl Allard, Sergio Spoerer y Eduardo Vio.
El principal conflicto de la reforma en todas las universidades fue la disputa por el poder. La UCV -al igual que su símil de Santiago- detentaba un sistema de gobierno dirigido por la jerarquía de la Iglesia Católica. El obispo de Valparaíso, Emilio Tagle Covarrubias, era el Gran Canciller y nombraba al rector, vicerrectores, decanos y miembros del consejo superior por un periodo indefinido de tiempo. Las finanzas no eran de conocimiento público y las autoridades no daban cuenta pública de su gestión.
El movimiento concluyó el 8 de agosto con un cambio profundo en la estructura de la UCV.

LA REBELION SE EXTIENDE A SANTIAGO
El 28 de junio de 1967, los estudiantes convocaron a un plebiscito. La pregunta era concisa y precisa: “¿Debe renunciar el rector de la UC, designado directamente por el Vaticano?”. La respuesta fue categórica: 3.221 estudiantes contestaron sí, y 569 no; 2.500 se abstuvieron y hubo 300 votos en blanco. Los del “sí” se pusieron en contacto con el arzobispo de Santiago, cardenal Raúl Silva Henríquez, para pedir su apoyo. El cardenal se comprometió a tomar contacto con el Vaticano para el nombramiento de un prorrector que asumiera la dirección y asegurara cambios democráticos.
La situación se hizo intolerable para el rector y para el consejo superior de la UC, integrado por Julio Philippi, Salvador Lluch Soler, Carlos Vial Espantoso, Carlos Infante Covarrubias, Enrique Evans de la Cuadra, Sergio de Castro Spikula, Carlos del Solar, Juan de Dios Vial Correa, Jorge Medina y Enrique Serrano Viale-Rigo, entre otros prominentes miembros de la derecha.
De los dos mil obispos del mundo que votaron por las reformas planteadas en el Concilio Vaticano II, el rector de la UC, el obispo Alfredo Silva Santiago, había sido uno de los 90 que se opusieron a los cambios impulsados por Juan XXIII y Paulo VI.
Ahora, en 1967, los alumnos de la UC proponían que Silva Santiago quedara solo con el cargo de Gran Canciller de la universidad, como máxima autoridad eclesiástica, pero que no tuviera injerencia en lo académico.
Inicialmente, se creó el nuevo reglamento general, que venía discutiéndose desde hacía dos años. En sus páginas se explicitaba que el nombramiento del rector seguiría siendo hecho por el Vaticano, pero ya no en forma arbitraria, sino a través de una terna propuesta por el consejo superior. También se eliminaba la cláusula que exigía que el rector fuera un sacerdote y la obligación de los profesores de hacer profesión de fe. El rector, en adelante, nombraría a los profesores y autoridades superiores, hasta entonces designados por el Gran Canciller y el arzobispo de Santiago. El rector tampoco dictaría los planes de estudios, que serían elaborados en las Facultades.
Finalmente, el nuevo rector, excepcionalmente en esa oportunidad, sería elegido a través de la convocatoria a un claustro pleno, formado por profesores y representantes estudiantiles.
El obispo Silva Santiago expresó entonces su disposición de retirarse al momento en que el Vaticano aprobara el documento.
Ante tal situación, los alumnos reformistas convocaron al Consejo General de la Federación de Estudiantes de la Universidad Católica (Feuc), el día 10 de agosto, con el ánimo de iniciar una huelga para destituir al rector. La votación concluyó con 63 votos a favor de la toma de la universidad y 9 en contra. Uno de estos últimos era del gremialista vicepresidente del centro de alumnos de la Escuela de Derecho, Jaime Guzmán Errázuriz, furibundo opositor a la reforma planteada por la Feuc.
La madrugada del 10 de agosto, la casa central de la UC fue tomada por los estudiantes. El líder de la toma era el actual senador socialista Carlos Montes Cisternas. Sus demandas eran: designar un prorrector encargado de organizar un claustro pleno, con 75 por ciento de profesores y 25 por ciento de estudiantes, a realizarse en un plazo no superior a seis meses para elegir nuevo rector.

INTENTO DE RETOMA
Como la decisión de la toma surgió del Consejo General de la FEUC sin consultar al resto de los estudiantes, los airados alumnos conservadores acudieron a algunos dirigentes de las escuelas de Economía y Agronomía para intentar el desalojo de la casa central.
El viernes 11, estudiantes de derecha, encabezados por Jaime Guzmán, Juan Luis Bulnes, Gerardo Arteaga, Julio y Diego Izquierdo, Sergio Gutiérrez Irarrázaval y Jaime Correa, intentaron retomar la casa central. Los jefes de la toma, Carlos Montes y Fernando Lara, secundados por Harry Evans, un macizo estudiante de Química que hacía de jefe de los grupos de resistencia, aguantaron a pie firme el ataque.
La refriega, el ruido y la confusión eran de tal magnitud que los pacientes del Hospital Clínico, adyacente a la UC, optaron por lanzar las chatas desde las ventanas para que finalizara la gresca.
En las horas siguientes llegó Miguel Enríquez, líder del MIR, con varios miembros de la plana mayor de su grupo, para dialogar con Miguel Angel Solar. También lo hicieron delegaciones de otros movimientos de Izquierda, como Espartaco del Instituto Pedagógico de la Universidad de Chile. En la noche se reunió un grupo de estudiantes de Economía, Derecho y Agronomía de la UC en el Palacio Pereira para decidir nuevas acciones. La derecha se había aglutinado en un comité antihuelga y coincidían en que había que desalojar la casa central, pero que no podían verse involucrados en pugilatos. Algunos sugirieron contratar a cargadores de La Vega o del Matadero Municipal. Jaime Guzmán llamó a la sensatez e impuso la calma. Prometió, para apaciguar a los más iracundos, que si fracasaban las instancias jurídicas para quebrar el movimiento huelguista, recurrirían a la violencia, “incluso a las armas, si fuera necesario”, como declaró a periodistas de la revista Ercilla. En los días siguientes los opositores a la reforma formaron el Comando por la Defensa de la Universidad.
Mientras tanto, la FEUC envió un emisario al Vaticano. El elegido fue José Joaquín Brunner Ried -en ese tiempo DC, luego MAPU y más tarde militante del Partido por la Democracia, PPD-, que fue a conversar con el prefecto de la Congregación para la Educación Católica, el cardenal francés Gabriel Marie Garrone, muy conocido por su participación en el Concilio Vaticano II. Garrone entendió las inquietudes de los universitarios chilenos, pero no le agradó la toma de la universidad.

“EL MERCURIO MIENTE”
En Santiago, El Mercurio hizo fuerte crítica a los reformistas de la UC, asegurando que estaban manipulados por las Juventudes Comunistas y exigiendo que los estudiantes devolvieran la casa central a las legítimas autoridades.
Apareció entonces en el frontis de la casa central de la UC un largo lienzo que decía: “Chileno: El Mercurio miente”, desatando una creciente polémica que derivó en un debate televisivo a través de Canal 13, ubicado en esos años en el entrepiso de dependencias de la UC vecinas a la casa central.
Por El Mercurio, asistió su director, René Silva Espejo; por la Feuc, su presidente, Miguel Angel Solar, actual director del Departamento de Atención Domiciliaria del Hospital Regional de Temuco y consejero regional de La Araucanía.
Solar negó la participación de las Juventudes Comunistas en el movimiento y aseguró que la democratización había nacido en un grupo de jóvenes cristianos.
El 17 de agosto el gobierno de Frei Montalva pidió al Vaticano que encomendara al cardenal Raúl Silva Henríquez la solución del conflicto. El 20 de agosto Silva Henríquez declaró: “El presidente me urgió tomar medidas y me manifestó que si el lunes 21 no estaba solucionado, el gobierno tomaría la Universidad… La Central Unica de Trabajadores (CUT), había anunciado acciones de solidaridad con los alumnos y lo que se temía era que la Izquierda marxista avivara la situación para provocar una revolución en contra del gobierno”.
El mismo lunes 21 el cardenal Raúl Silva se reunió con los profesores de la UC, que en su mayoría apoyaban la toma. Estos propusieron para el cargo de prorrector al docente de la Escuela de Arquitectura, Fernando Castillo Velasco. Los alumnos querían al sacerdote italiano Egidio Viganó, rector mayor de la Congregación Salesiana de Don Bosco y profesor de teología dogmática. El cardenal negoció con la FEUC, aceptando las demandas estudiantiles a cambio de que éstos reconocieran a Castillo Velasco.
La toma finalizó el 22 de agosto. Fernando Castillo Velasco asumió como rector interino y cinco meses más tarde fue ratificado en su cargo en un claustro pleno de académicos y estudiantes. Las reformas empezaron de inmediato

MANUEL SALAZAR SALVO

(Publicado en “Punto Final”, edición Nº 882, 18 de agosto 2017).

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