Punto Final, Nº 884 – Desde el 15 hasta el 28 de septiembre de 2017.
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El robot desplaza al trabajador



Un paseo por cualquier barrio de una ciudad chilena nos hará sospechar de los registros y cálculos oficiales, que no sólo han cifrado en cotas mínimas las estadísticas de desempleo, sino también la condición laboral. Una observación colectiva respaldada con sondeos independientes, experiencias registradas en sindicatos y en los testimonios de los trabajadores, indica que en Chile el trabajador vive una tragedia cotidiana.
Es posible conceder a los oficiantes del libre mercado y expertos estadísticos que en Chile hay trabajo. Pero ¿qué significa un trabajo cuando las calles y esquinas están llenas de vendedores ambulantes, cuando las cifras de salarios promedios no alcanzan para salir de la pobreza, cuando las pensiones de vejez son de hambre? Esa es la realidad vivida cada día por millones de trabajadores.
El salario promedio apenas supera los 500 mil pesos y la mitad de los trabajadores gana poco más de 350 mil. Estas estadísticas sí tienen su correlato en la observación cotidiana y en la extrema precariedad y la informalidad. Apenas un 40,1 por ciento de la población activa es asalariada, proporción que va mes a mes en retroceso, según informa el Indice Mensual de Ocupación Asalariada de Cenda. Un registro que deja fuera de contratos y protección social sistemática a seis de cada diez trabajadores.
Durante el primer semestre del año las desafiliaciones al sistema de salud privada (Isapres) aumentaron un 20 por ciento, variable que es un indicador de las pérdidas de empleos de calidad. Durante la primera mitad del año más de 177 mil personas terminaron sus contratos con estas instituciones de salud por no pago de las cotizaciones. La masiva salida, que es especialmente marcada entre los trabajadores más jóvenes (entre 25 y 34 años), responde a la caída en los empleos asalariados.
Hablar de asalariados no es hablar de empleos de calidad. Una categoría, líquida como tantas, que encierra bajo sus primeras capas diversas y contradictorias realidades. En un país como Chile, con sus enormes brechas en la distribución de la riqueza, entre los asalariados hallamos no sólo diferencias en los ingresos, sino en el tipo de trabajo y modos de contratación.
Entendemos como asalariados a los trabajadores que tienen algún tipo de contrato o relación formal con un empleador, que venden su fuerza de trabajo a un tercero, ya sea a honorarios, a plazo fijo, por obra y faena. Una definición demasiado amplia que encierra numerosos prejuicios y distorsiones. Porque el trabajador asalariado bajo una normativa laboral llena de limitaciones, con tasas de sindicalización históricamente bajas, obtiene magros y acaso nulos beneficios. Una serie de complejidades no sólo propias del lugar de trabajo sino también externas hacen del asalariado una condición no necesariamente atractiva. Desde no pocas miradas, es uno de los factores del aumento de trabajos por cuenta propia pese a la informalidad y desprotección.
Jornadas largas, de diez y más horas diarias, más los tiempos de colación y viaje que suman en promedio otras tres horas cada día, no son aspectos estimulantes del trabajo asalariado. Si a ello le agregamos los bajos sueldos, hay más que suficientes factores para que muchas personas en grado creciente prefieran la alternativa de trabajar por cuenta propia pese a no contar con ninguna protección social.
Un estudio de la Cámara de Comercio de Santiago (CCS) de 2015 consigna que un 18 por ciento de los vendedores ambulantes encuestados en el centro de Santiago posee estudios superiores, lo que convierte a esta actividad pese a numerosos factores negativos, partiendo por su ilegalidad, marginalidad respecto a los mercados formales de capital y certeros riesgos, en una opción atractiva. Es una posibilidad de obtener ingresos para muchas personas, incluso aquellas con estudios superiores.
No existe una relación directa entre el aumento del desempleo y el crecimiento del comercio ambulante. Hay otros factores que vinculan el crecimiento de esta actividad con la mala calidad de los trabajos asalariados. El citado informe de la CCS destaca una pregunta: ¿Por cuánto dinero mensual usted dejaría el trabajo ambulante? Un 28 por ciento respondió que no dejaría esta actividad; otro 28 por ciento dijo que lo haría por un sueldo de 700 mil pesos, en tanto sólo un 27 por ciento afirmó que lo haría por 500 mil pesos.
En cuanto a ingresos, el 42 por ciento de los encuestados dijo ganar entre diez mil y 20 mil pesos diarios, un 22 por ciento hasta diez mil al día en tanto el resto, poco menos de un 40 por ciento, confiesa ganar sobre los 20 mil diarios. Si consideramos que esta actividad es generalmente la principal o única fuente de ingresos, desarrollada durante al menos cinco días a la semana, obtenemos un ingreso mensual, en el primer caso, de hasta 400 mil y de 200 mil para el segundo. Un porcentaje no menor ganaría sobre los 500 mil mensuales.
Si consideramos que más de la mitad del total de trabajadores gana 350 mil pesos, podemos decir que el trabajo ambulante es ciertamente una opción para ganarse la vida.

EL CASO DE LOS CALL CENTERS
Una diferencia importante entre los asalariados, que encierra también grandes distorsiones y discriminaciones, existe entre el trabajador contratado por una empresa o por un subcontratista. Esta es una división profunda que se extiende en Chile a partir de la primera década del siglo, sin que los gobiernos establecieran normas claras. Se supone que el subcontrato es para actividades ajenas al rubro o giro de la empresa, como alimentación o aseo, pero las empresas externalizan áreas propias de la producción. El objetivo no es otro que maximizar las ganancias mediante la reducción de costos laborales. Todo ello a costa de la estabilidad del trabajador, de sus salarios y a vista y paciencia de las autoridades del ramo.
Estimaciones establecen que hasta un 30 por ciento de los trabajadores asalariados están subcontratados. Una cifra gruesa que en el sector servicios sufre grandes variaciones, las que llegan hasta a la mitad de los y las trabajadoras. En otras áreas, como la gran minería, la externalización ha aumentado a cerca del 40 por ciento de los asalariados. En empresas como Codelco o Escondida hay actualmente más trabajadores tercerizados que de planta.
Un ejemplo de extensiva tercerización en el sector servicios son los call centers, área en la que trabajan en Chile unas 50 mil personas. Isolina Acosta, presidenta del Sindicato Interempresa de Trabajadores Contratistas y Subcontratistas (Sintrac), en conversación con PF estima que el 70 por ciento de estos trabajadores son externalizados, básicamente por criterios de reducción de costos. “Aquí hombres y mujeres ganan salarios paupérrimos, con sistemas en que los trabajadores pueden laborar desde 15 horas semanales hacia arriba. Eso lleva a que ese trabajador tenga que buscar dos o tres trabajos. Por ejemplo, nos encontramos con personas con 20 o 30 horas semanales que finalmente terminan trabajando 60 horas a la semana a distintos empleadores. O también le pagan 30 horas semanales, proporcional al salario mínimo, pero con todas las horas extras termina trabajando más que un empleado a tiempo completo de 45 horas. Nosotros hemos dado la pelea para que esas personas sean consideradas para todos los efectos legales trabajadores full time”.
Esta realidad es también muy fuerte en los sectores del transporte. El trabajador contratado de tiempo parcial, por ejemplo de 30 horas, finalmente labora 60 horas a la semana. El sector servicios funciona generalmente de esta manera. Se hacen contratos por el mínimo de horas porque es mucho más fácil y barato para la empresa en el momento de despedir al trabajador.

NO ES CIENCIA FICCION: LA ROBOTIZACION ESTA AQUI
Una nueva vuelta de tuerca está ocurriendo en estos momentos en la industria y en el sector servicios. La incorporación de la automatización será un nuevo paso en la flexibilización y precarización de los empleos. Isolina Acosta habla del “monstruo de la automatización”, que ya comienza a hacer estragos con el empleo en áreas como los call centers. “Tenemos un call center en el cual ya nos reemplazaron una plataforma entera de 32 trabajadores con un robot. Ese robot interactúa con el cliente, cobra, por cierto, fija los plazos de pago, habla con el cliente. Es como una persona. Creemos que el área de los call center es la primera que se verá afectada. Es fácil reemplazar por un software esta actividad”.
No hablamos de ciencia ficción. Un estudio de Tata Consulting Services de este año realizado sobre entrevistas a más de 800 ejecutivos de grandes compañías prevé una importante pérdida de empleos a nivel global con el uso de aplicaciones de inteligencia artificial. En los centros corporativos de las empresas los empleos tenderán a reducirse en un 23 por ciento, en tanto en otras funciones las pérdidas serán de un rango entre un 17 y un 21 por ciento. Aun cuando es probable la creación de nuevos trabajos para la mantención de las aplicaciones, habrá sin duda una pérdida neta de empleos.
No hay ninguna capacidad de competir con esta aplicación, es la primera mirada desde el mundo sindical. Reemplazará al trabajador de forma total. “El software no va al baño, no tiene necesidades biológicas, por lo tanto es pura producción. Si en una plataforma de 32 trabajadores se hacían cinco mil llamados mensuales, este software puede producir diez mil o quince mil. Va a triplicar la ganancia”, afirma Isolina.
Otros beneficios inmediatos para la empresa: la compañía mandante no paga a la subcontratada por trabajador sino por puesto de trabajo en funcionamiento. Si este puesto funciona 16 horas le pagará 16 horas. Pero si está en funcionamiento robotizado 24 horas, maximiza las ganancias con un costo casi nulo. No hay pago a trabajadores, licencias, imposiciones, paros, huelgas.
¿Qué actitud tomará el mundo sindicalizado ante la incorporación de nuevas tecnologías? No sólo en los call center, sino también se prevé en el retail, en general en toda el área de servicios: banca, restaurantes, supermercados, telecomunicaciones, transporte, etc. “La verdad es que ante algo tan nuevo, no nos hemos sentado todavía a discutir los alcances y consecuencias ni cómo enfrentarlo. Hasta el momento, sólo hemos pedido un dictamen de la Dirección del Trabajo y sobre eso empezar a dar la pelea. Hay un dictamen respecto a la automatización en caso de huelga, pero no en despidos. Es una nueva arista por la cual se verán afectados muchos trabajadores. En el caso de huelga se entiende que la máquina reemplaza, lo cual no puede hacerlo en ese momento pero que pasa en circunstancias normales. ¿Cómo justificar despido injustificado cuando el que reemplaza es un robot?”.
Las diversas fases de la economía neoliberal han tenido como efecto rápidas y frecuentes alteraciones en sus principales componentes internos, como es el capital y el trabajo. Se trata de ciclos compuestos por múltiples etapas que han ido configurando nuevas estructuras de relaciones laborales sujetas a las transformaciones en las estrategias de gestión y sistemas de producción. Estos cambios, presentes en la industria y los servicios, han presionado por importantes transformaciones en las estructuras sociales y en la forma de vida cotidiana de los trabajadores y sus familias.
Hoy estamos ante uno de esos cambios. ¿Qué harán los trabajadores ante recortes laborales que pueden terminar con el 20 por ciento de los empleos?

PAUL WALDER

(Publicado en “Punto Final”, edición Nº 884, 15 de septiembre 2017).

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