Punto Final, Nº 887 – Desde el 27 de octubre hasta el 9 de noviembre de 2017.
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La araucaria en extinción

 

A fines de este año, o en 2018, debiera esclarecerse el estado de conservación en el que se encuentra la araucaria araucana, y si su actual estatus de especie “vulnerable” se reclasifica a “en peligro de extinción”. Es el Ministerio de Medio Ambiente (MMA) la entidad responsable de un cambio que debiera significar planes de restauración de largo plazo.
La salud de esta gimnosperma, llamado pewen por los mapuches, ha estado en la coyuntura desde que, en 2016, un grupo de científicos de la Universidad de la Frontera (Ufro) inició gestiones ante parlamentarios y una serie de seminarios y campañas de información a la ciudadanía para alertar sobre la grave situación que vive el milenario y simbólico vegetal. Los factores parecen definidos: los estragos causados por los incendios forestales en La Araucanía, como el de la Reserva China Muerta, en 2015, que arrasó miles de hectáreas; la sustitución del bosque nativo y la invasión del monocultivo, en especial pino insigne y eucaliptus globulus; la extensión de los periodos de sequía, causada por el cambio climático, y la recolección indiscriminada del piñón (o nguilliu, como se dice en mapudungún), por parte de turistas, forasteros o personas alejadas de las comunidades pewenches. Es necesario indicar que este es la semilla del pewen, vital en su reproducción.
En mayo pasado, ingresó al MMA la documentación para el proceso de reclasificación. Se incluyeron estudios, estadísticas, fotografías y el trabajo que realizó Conadi con comunidades pewenches en algunos talleres en zonas sensibles como Alto Bío Bío, Quinquén (Lonquimay) y Curarrehue.
El derrotero, sin embargo, no ha sido fácil. Conaf, la entidad encargada de la protección de los ecosistemas boscosos, ha minimizado el difícil estado de conservación del pewen. En septiembre pasado, David Jouannet, director regional de la corporación, desmintió la cifra de 30 mil hectáreas quemadas desde 2002 (desde los grandes incendios en la Reserva Malleco y Parque Tolhuaca) hasta hoy. Las cifras, no obstante, demuestran lo contrario. Sólo en Malleco ardieron arriba de 16 mil hectáreas. En China Muerta la superficie arrasada se empinó sobre las seis mil.
“Conaf se opone porque no ha hecho nada en mucho tiempo”, argumenta Rubén Carrillo, biólogo y director del Departamento de Ciencias Agronómicas y Recursos Naturales de la Ufro, uno de los promotores de esta reclasificación. El científico lamenta que el reciente apoyo a investigaciones sobre el daño de un hongo al pewen, o una siembra de piñones que se realizó desde un helicóptero en el invierno de 2016 en el sector estragado por los incendios en Melipeuco, sea el modo empleado por Conaf para aparecer haciéndose cargo.
El biólogo indica que, para la Unión Internacional de Conservación Natural (UICN), cuando una especie es vulnerable y existen factores que siguen operando, que afectan su distribución y comienzan el proceso de fragmentación, hay que declararla en peligro. “Estamos pensando en los ecosistemas vegetales boscosos que se quemaron y que hay que recuperar con un programa a largo plazo, donde el Estado debe realizar un plan de restauración. Planteamos que no sólo hay que plantar araucarias sino tratar de restaurar el ecosistema, reinstalar la flora, la fauna y activar los suelos”, dice Carrillo. En ese empeño se les han unido la Fundación Senderos de Chile, la Universidad Católica sede Villarrica, y el Museo de Historia Natural, de Santiago.

CAMBIOS
Sobre las cumbres que rodean a Curarrehue puede apreciarse, aún, la silueta estilizada de las araucarias. Los habitantes mapuche-pewenche del territorio han colectado el piñón por siglos. Su temporada es al final del verano, es decir, al cierre del walüng mapuche. Alguna gente cosecha hasta once sacos de 75 kilos cada uno, para consumo familiar anual. “Maduritos en el suelo son mejores”, relata José Loncopán, educador mapuche y kimche (sabio) de este sitio. Recolector desde niño -cuando subía a pie a estos paisajes verticales-, a él no le gusta la técnica de romper los conos (o “cabezas”) donde se concentran los piñones con un garrote o tirarlos con un lazo. Es vital, a su juicio, la petición de permisos al ngen (entidad dueña de los bosques). Son los protocolos mapuches.
El piñoneo se realiza en sectores como el paso fronterizo Mamuil Malal, Hualalafquén, Huincapalihue, Los Chilcos, Huitraco, o Lago Escondido, en las cercanías de Catripulli. Loncopán cuenta que, hace un par de años, regresó a este último lugar. Notó la ausencia de pájaros tales como el carpintero, el concón y el búho. El silencio le provocó tristeza. La causa radicaba en la carretera que construyeron, que permite a muchos turistas llegar hasta el lago en camionetas y jeeps. Hay un desequilibrio, dice: “Nos abrieron la tierra”.
También ha constatado otros cambios en los últimos años, como la falta de nieve. De 40 centímetros en el pasado a apenas un blanqueo superficial hoy. “Donde no tiene riego, le entra toda la debilidad”, señala. El pewen es presa fácil de insectos. No es la única pérdida. Loncopán advierte la escasez de lawen, o vegetales medicinales.

RESPONSABILIDADES DE CONAF
Preocupados por el perjuicio a sus derechos que traería la reclasificación de la araucaria, el 5 de octubre pasado varios lonkos y autoridades tradicionales pewenches de Lonquimay se manifestaron contrarios a la medida. Si bien coincidían con el equipo de la Ufro sobre los factores que han puesto en riesgo la salud del árbol sagrado, discrepaban en que no se había considerado su conocimiento al momento de presentar la solicitud de cambio de estado: “(Al existir) nula referencia respecto del conocimiento del pueblo mapuche pewenche sobre los usos y formas de protección de la araucaria, consideramos que la actual propuesta aporta datos insuficientes para la realización de una reclasificación”, señalan en carta dirigida al ministro de Medio Ambiente.
Además, los dirigentes pewenches solicitan al MMA que realice un proceso de consulta indígena para la reclasificación: “Compartimos y nos hacemos parte de todos los esfuerzos para proteger al pewen, pero esas acciones y medidas no pueden ser adoptadas sin nuestra participación, negando nuestros derechos, y menos aún haciéndonos responsables del estado actual del pewen. La propuesta de clasificación en estudio señala claramente como principal amenaza y peligro del pewen a nuestras prácticas tradicionales de recolección del piñón y la crianza de nuestro ganado. Como ya explicamos, dichos argumentos son erróneos”. La carta lleva firmas de lonkos y representantes de Quinquén, Porma, Pedregoso y Mallin del Treile, entre otras.
Carrillo señala que entiende la molestia y desconfianza pero aclara que el grupo de científicos no ingresó al MMA ningún tipo de recomendación de veda de recolección de piñón: “Nada que tenga que ver con la colecta del piñón”, puntualiza y complementa: “Se debería generar una mayor protección para las comunidades para que aprovechen su producto, y que no llegue gente desde el ámbito urbano a sacar gran cantidad de piñones”. Plantea que su grupo se reunió en 2016 con comunidades en Alto Bío Bío, Quinquén y Curarrehue, junto a Conadi. “Creo que ha habido un malentendido desde los hermanos pewenches. Cuando planteamos lo de la reclasificación lo hicimos de manera honesta, leal y desde un punto de vista científico”, sostiene.
Es a Conaf donde van las críticas de Carrillo. “A lo que apuntamos es que se generen políticas y planes; que se le dé trabajo a este mismo pueblo, que los pewenches generen sus propios viveros, planten araucarias y otras especies, como el michay, el calafate, o el ñirre y la lenga. Cuando Conaf hace propuestas de reforestación las hace con pino y eucaliptus. Acá no se ha tratado de generar otro decreto-ley que no sea el 701, que fue espurio, generado por el yerno de Pinochet, y que ha beneficiado a dos familias”, argumenta. Ejemplifica la desidia de la Corporación con la ausencia de planes para viveros. “Todo chileno tiene el derecho de preguntar sobre el estado de los bosques de araucaria, y no mandar cartas ni llamadas telefónicas a la institución donde uno trabaja, que es lo que han hecho conmigo desde Conaf”.

LA “ENFERMEDAD”
Desde mediados de 2016, un nuevo factor apareció sobre la cordillera. En diversos lugares de distribución del pewen, como el Alto Bío Bío, se avistó una inusual coloración café en las ramas del árbol. Al cabo de un tiempo, estos ejemplares comenzaban a secarse. Cundió la alarma. Investigadores de otras universidades, como la Austral y la de Concepción, se unían al estudio de este factor. ¿Una enfermedad o un tipo de insecto u hongo desconocido atacaba los milenarios árboles?
“Los niveles de precipitación han ido disminuyendo. Hay peaks pero en promedio van en descenso”, señala Carrillo. “Se prolonga la sequía. Ha habido un desabastecimiento hídrico, y la araucaria no ha quedado ajena; requiere harta agua para un gran volumen aéreo. Eso repercute en la regeneración. Cada vez hay menos fotosíntesis, por lo tanto, la planta se va debilitando. Eso ha sido imperceptible para nosotros porque estos árboles tienen 700, incluso mil años. Vemos los efectos, que vienen desde hace 15 ó 40 años, como las paredes menos engrosadas, que tienen menor defensa frente a los organismos como insectos u hongos. Es una de las causas para las enfermedades”.
Pero Carrillo abunda: “Hay un hongo llamado micronegeria fagi, que es un tipo de roya. Pone las ramas de color café. Si fuésemos serios en términos de la investigación nos daríamos cuenta que varios ejemplares lo tienen hace años. Lo que pasa es que se ha descontrolado con la sustitución exacerbada de bosque nativo, la entrada de pino y eucaliptus, y el cambio climático”.
A su juicio, la enfermedad ha sido manipulado por Conaf para aparecer realizando gestiones: “El tema de la enfermedad está sobredimensionado y con una intencionalidad. Ha habido versiones de Conaf contradictorias sobre la cantidad de araucarias infectadas”. Las consecuencias del cambio climático emergen como factor y contexto: “En Chile, el tema del cambio climático está referido a lo agrícola pero no hemos visto que se haya planteado para el ámbito de los ecosistemas boscosos”, concluye Carrillo.

SOLO UN EJEMPLO
Sin embargo, al expandir el foco, se constata que las presiones sobre el pewen son las mismas que afectan a todo el territorio. El rol del latifundio es clave para entender varios conflictos en la cordillera mapuche. Mario García Sabugal, por ejemplo, es uno de los grandes propietarios de tierras de La Araucanía, suegro del ex intendente Andrés Molina, durante el gobierno de Piñera. Molina también fue presidente nacional de la poderosa Corporación Maderera (Corma), que agrupa a los empresarios madereros.
García tiene injerencia en proyectos hidroeléctricos en Melipeuco e Icalma, en la cordillera mapuche. En 1990, se opuso a que el pewen fuera protegido mediante el Decreto Supremo N° 43. No era casual: había comprado cientos de hectáreas de bosque nativo esperando talar el árbol milenario. García, además, es dueño de Magasa, forestal que ha sido el ariete del monocultivo con pino y eucaliptus. Además, en Lonkotiuque (Melipeuco) posee prospecciones mineras.

FELIPE MONTALVA
En Temuco

(Publicado en “Punto Final”, edición Nº 887, 27 de octubre 2017).

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