Punto Final, Nº 891 – Desde el 22 de diciembre de 2017 al 11 de enero de 2018.
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Armando Hart

El origen de la Revolución Cubana

 

FIDEL Castro y Armando Hart (1960).




El pasado 26 de noviembre falleci ó en La Habana, Armando Hart Dávalos, un intelectual martiano que fue parte de la gesta misma de la Revolución Cubana. Hart fue uno de los fundadores del Movimiento 26 de Julio. Participó activamente en el alzamiento del 30 de noviembre de 1956 en Santiago de Cuba, en apoyo al desembarco del yate Granma, junto a Frank País, Haydée Santamaría, Vilma Espín y otros compañeros y compañeras. Junto a Frank País fue uno de los organizadores del Movimiento 26 de Julio en el llano y fue coordinador nacional del Movimiento.
Fue apresado en 1958, hasta el derrocamiento de la tiranía. Al triunfo de la revolución, fue designado ministro de Educación, cargo que ocupó hasta 1965. Dirigió la Campaña de Alfabetización, y fue artífice de la obra educativa de la revolución cubana. También fue ministro de Cultura desde la constitución de ese organismo, en 1976, hasta 1997, cuando asumió como director de la Oficina del Programa Martiano. Fue miembro del comité central del Partido Comunista de Cuba desde su constitución y diputado a la Asamblea Nacional del Poder Popular desde su constitución, en 1976.
En una visita a Argentina, sostuvimos este diálogo con Hart. Queremos reeditarlo en este 59 aniversario de la Revolución Cubana, para recordar al compañero y para analizar con él el aporte de José Martí al pensamiento latinoamericano.
¿Cómo se incorporó a la lucha revolucionaria?
Para mí todo empezó por una cuestión ética y moral. En los años 50 estaba en la universidad. Había mucha corrupción en el gobierno y un movimiento fuerte de oposición a esa corrupción. Teníamos un lema que decía ‘Vergüenza contra dinero’, y un partido (el Ortodoxo) que fue muy popular, denunciaba a los corruptos, con un líder nacional, Eduardo Chibás. En un momento, Chibás hizo acusaciones contra unas personas, diciendo que tenía pruebas, pero no lo pudo probar. El pueblo se sintió un poco engañado. Entonces él, un hombre honrado, fue a la radio y dijo: ‘No he podido probarlo, pero es verdad’, y dijo que quería dar su último aldabonazo. Se disparó un tiro y se mató. Eso creó un movimiento de oposición más fuerte todavía. Creció la influencia de ese partido, que era -para decirlo con un lenguaje que se pueda entender en América Latina- un partido de frente único, ya que ahí había gente llamada de derecha, de Izquierda, de centroizquierda. Ahí estaba Fidel Castro, y ahí estábamos nosotros, como juventud, luchando contra la corrupción y buscando la justicia. Después vino Batista y dio un golpe de Estado. Quebró la ley y la Constitución progresista. Entonces los estudiantes de derecho nos incorporamos a la lucha contra la corrupción y por la legalidad. Son dos elementos principales que están en la raíz de nuestra revolución. No se conocerá la génesis de la revolución cubana, y la razón de su creciente fuerza, si no se sabe que comenzó luchando contra la corrupción y por la legalidad, dos principios que creo son válidos para cualquier país.
Como Batista había dado un golpe de Estado y violentado la ley, teníamos derecho a insurreccionarnos. Incluso la Constitución existente en ese momento aprobaba la resistencia contra un gobierno despótico. Lo hicimos en nombre de la legalidad y contra la inmoralidad.
En ese proceso fuimos profundizando nuestras ideas. Yo estudié derecho, ciencias políticas, la teoría del Estado; y me fui inclinando a un pensamiento social avanzado, socialista. Teníamos una raíz martiana muy profunda. Nuestros antecedentes están en Martí, en la lucha antiimperialista de América Latina.
En Cuba, un joven que buscara en esa época acercarse a las ideas socialistas sabía lo que pasó en la Revolución de Octubre, Lenin, y demás. Yo tenía grandes reproches y prejuicios contra el socialismo existente en la URSS. No era antisocialista o anticomunista, era antiestalinista, un feroz antiestalinista. Teníamos ideas socialistas que extraíamos de los libros y de una universidad que no era comunista, pero que transmitía las ideas marxistas en algunas de sus clases. Un joven que quería ser socialista en esos años 50, se inclinaba a buscar la historia de las ideas socialistas en Cuba; y la historia de las ideas socialistas en Cuba tuvo una virtud que no ocurrió en otros pueblos de América. Las ideas socialistas en el siglo XX cubano no se colocaron en contradicción con la cultura cubana del siglo XIX, con Martí. Yo estuve estudiando la historia de las ideas socialista en América Latina, y el único país donde no hubo un antagonismo entre las ideas socialistas y el siglo XIX fue en Cuba. Pudo haber otros errores, pero nunca se pusieron en contradicción las ideas socialistas con las ideas de Martí.
Fui llegando así a una comprensión más socialista, en el sentido teórico, en el sentido de las aspiraciones. En el inicio de la Revolución estaba buscando a Lenin, buscando figuras de la revolución que no fueran del estalinismo. Pero siempre con el fondo de las ideas de América Latina.
En el 59, había salido de la cárcel, e inmediatamente fui ministro de Educación de la Revolución. En noviembre de 1959, en el Consejo de Ministros, cuando en Cuba todavía no se había proclamado el socialismo -Fidel estaba manejando esa situación, Fidel tenía una idea y una formación socialista, pero en la Revolución había mucha gente conservadora- dije algo, de lo que no me arrepiento, aunque en ese momento parecía un poco imprudente. Dije: ‘El problema es que hay que entender que Fidel está tratando de hacer una Revolución socialista, desde la tradición latinoamericana martiana’. Varios se enojaron, hasta el propio Fidel se sintió preocupado, porque Fidel no quería en ese momento, por razones políticas, hablar así. Pero esto es lo que ha sido. Es importante entender que nosotros llegamos al socialismo por la vía de la ética y de la cultura latinoamericana”.

CULTURA LATINOAMERICANA
¿Qué ecos de la cultura latinoamericana tuvieron mayor impacto en su formación juvenil?
“Una de las mayores influencias que tuve como joven es la Reforma Universitaria de Córdoba, de 1918, y José Ingenieros. Todavía me acuerdo literalmente del comienzo del libro El Hombre Mediocre. José Ingenieros, Aníbal Ponce, Mariátegui, Estas ideas fueron llegando a Cuba en los años 20, y le llegaron a Julio Antonio Mella. Mella empezó propugnando reformas académicas y después se convenció de que no se podían hacer reformas académicas sin hacer la revolución social. Fundó el Partido Comunista, la Liga Antiimperialista, y fue uno de los fundadores del movimiento comunista latinoamericano. En esta corriente antiimperialista está también Sandino, aunque no se proclamara socialista. Influyó también la revolución mexicana. Nos influía la revolución latinoamericana.
Nos influyó también, la guerra civil española. En España pelearon muchos cubanos. El Partido Comunista de Cuba llevó muchos cubanos, más de mil, a pelear en la guerra civil contra el franquismo. Esas ideas nos fueron permeando. Así nos hicimos socialistas. Esa es la razón por la cual yo me hice socialista. Me hice socialista por la vía latinoamericana. No me hice socialista por la vía europea. Respeto la tradición europea y ¿qué le aconsejo a mis hijos y a mis nietos? Hay una vieja institución jurídica, del derecho romano, que dice que se puede aceptar una herencia a beneficio de inventario, para no cargar con la deuda. Les digo a mis hijos y nietos, que hereden la tradición socialista del siglo XX a beneficio de inventario. Y el inventario lo tenemos que hacer a través del pensamiento de hombres como Mariátegui, como Fidel, de hombres como el Che. Así me hice socialista, así empecé yo, y estoy convencido de estas ideas desde hace casi medio siglo”.
¿En qué momento se vinculó a Fidel?
“Cuando se produce el golpe de Estado de Batista, en 1952, los estudiantes nos levantamos airados contra él. En esa época Fidel era un poco mayor, estaba aspirando a diputado por el Partido Ortodoxo, y entonces hizo una denuncia legal contra Batista en los tribunales.
Había mucha inquietud. Se estaba buscando un líder, un dirigente. Cuando se produce el Moncada, Fidel se convierte en el dirigente. Influido por el asalto al Moncada, me incorporé con otros compañeros. El Moncada fue un hecho conmocionante para la juventud y la sociedad. Yo estaba en un Movimiento Nacional Revolucionario con gente joven, intelectuales. El hombre para dirigir una revolución era Fidel. Me incorporé al núcleo inicial de la dirección del Movimiento 26 de Julio que dejó Fidel constituido en Cuba, a mediados de 1955. Así me incorporé y me uní a Fidel hasta hoy, y desde luego me siento muy feliz de haber tenido esa fidelidad”.

LUCHA REVOLUCIONARIA
¿Cómo fueron los primeros tiempos de lucha revolucionaria?
“Yo estuve trabajando en las ciudades. Estuvimos preparando un alzamiento con Frank País en Santiago de Cuba. Nos alzamos en noviembre de 1956 en apoyo del Granma. Se pensaba que podía coincidir. Pero el Granma se demoró y llegó algunos días después. Nos alzamos en Santiago de Cuba, después fuimos a la Sierra, estuvimos en la lucha clandestina. Más adelante, me nombraron coordinador del Movimiento 26 de julio en ‘el llano’. Trabajamos en Santiago, nos movíamos por la isla, íbamos para la Sierra, bajábamos. En uno de esos viajes, a principios del 58, me tomaron preso. Estuve preso el año 58 completo, hasta que triunfó la revolución”.
¿Cuándo conoció al Che?
“Al Che lo conocí en febrero del 57, cuando fui con el periodista norteamericano Herbert Matthews a la Sierra. Pero la primera vez que oí hablar del Che fue al compañero Ñico López, Ñico era un gran agitador, un autodidacta, un hombre muy humilde. Sin una preparación académica pero muy instruido, muy sencillo, que ya tenía una idea comunista, una formación. Me dijo: ‘Conocí en Guatemala a un médico argentino que es un marxista, y quiero presentárselo a Fidel’. Me empezó a hablar del Che. Después cuando el Che fue a México, se unió a Fidel. Se incorporó en una conversación. Sabes que el Che era un hombre analítico, no era un hombre de acciones intempestivas, era un hombre crítico. Fidel lo captó en una conversación, y esos dos hombres se unieron para siempre en la historia. Es una cosa interesante... Después el Che se fue convirtiendo -en la lucha guerrillera- en una leyenda. Luego fue uno de los líderes principales de la Revolución. Ahora voy a decir una cosa sobre la que tenemos que reflexionar. Yo preguntaría cuáles casos hay en la historia mundial, de personas no nacidas en un territorio dado, que hayan ascendido a la escala que ascendió el Che, en el respeto del pueblo cubano.
Nosotros tenemos un antecedente, que es Máximo Gómez, él nació en República Dominicana, y también ascendió al triunfo de la República. Fíjense que en todas las constituciones se dice que el presidente tiene que haber nacido en el país, y en nuestra Constitución hicieron un párrafo exceptuando a Máximo Gómez, para que pudiera ser presidente. Nosotros hicimos lo mismo con el Che en la primera ley fundamental. Escribimos que el Che tenía derecho a ser presidente. No era que iba a ser presidente, no era ésa la idea, pero era un problema de principios y lo pusimos en la Constitución. Nuestra vocación internacionalista es muy grande y está enraizada. Es la vocación de vincularnos a los pueblos de América”.

PENSAMIENTO Y CULTURA
¿Cómo analiza la vitalidad de los aportes del pensamiento latinoamericano a la cultura universal?
“Creo que en los últimos 50 años los movimientos de ideas más importantes del mundo occidental nacieron en América Latina. Uno es la visión del Che y de Fidel sobre el socialismo, que es una versión latinoamericana. Otro es lo real maravilloso, esta gran concepción no dogmática del arte. Otro es la Teología de la Liberación. Y un cuarto movimiento es el de los educadores populares, un gran movimiento que puede aportar mucho.
Yo no soy teólogo, pero creo que la Teología de la Liberación tiene que ser examinada por todo el que tenga formación cristiana. Nosotros situamos a Cristo como elemento humano. Hay que preguntarse también desde el punto de vista científico por qué el cristianismo sobrevivió de esta manera. Yo creo que los marxistas, los comunistas, tienen que preguntarse por qué. Porque es la única ideología, el único sistema de ideas que ha pervivido 2000 años. El cristianismo en su etapa inicial planteó dos elementos fundamentales: primero, hicieron Dios a un hombre sencillo, del pueblo. Antes de eso los dioses eran las fuerzas de la naturaleza, o los grandes monarcas. Y segundo, porque el cristianismo heredó de la cultura hebrea el trabajo comunal.
La historia de Occidente es la historia de la tergiversación del dogma original, hasta hoy. Hay que volver a esos orígenes para alcanzar el mundo nuevo, al origen del sentido humano, occidental, ya sea neoyorquino, cubano, argentino, o de otro país cualquiera. Y también hay que educar a los niños en el trabajo colectivo.
El cuarto movimiento de ideas, es la tradición pedagógica latinoamericana. Está Simón Rodríguez, maestro del Libertador Bolívar. En Cuba las ideas filosóficas nacieron de maestros de escuelas. Varela, Martí, Varona, los filósofos más importantes del siglo XIX y principios del XX, fueron maestros de escuela. Esto permite forjar una filosofía que se presenta de manera didáctica. Porque yo lo que quisiera es que la filosofía se expresara no con muchas palabras rebuscadas, sino de manera sencilla, didáctica”.
¿Cuáles son a su entender los aportes principales del pensamiento de Martí al pensamiento revolucionario?
“Yo diría que la originalidad más importante de Martí, es lo que he llamado la cultura de hacer política. Yo quisiera divulgar esa cultura de cómo se hace política. Martí hacía la política como un arte. Una cosa es la ideología, y otra es la práctica política. Se relacionan, pero no se confunden. Martí hacía la política como un arte, y en definitiva era el arte de unir a los hombres para un fin determinado. En esencia esa originalidad consiste en superar la divisa del ‘divide y vencerás’ de la reacción, por la consigna ‘unir para vencer’, unir con objetivos serios. El objetivo que quiera la gente. Y si es con todo el pueblo, con todo el pueblo.
Cuando Martí tenía ocho o nueve años, vio la miseria, y dice en una poesía que vio a un esclavo colgado de un ceibo y el niño juró que iba a lavar el crimen. Ahí nació el espíritu de Martí. La cultura de Martí es profunda, porque es la lucha contra la injusticia. Política hacen también los politiqueros que van a una elección y se ponen a unir a un grupo de gente para conseguir un puesto. Es política para un grupo. Pero política para una nación, política para la Humanidad, es un arte.
Tuve una conversación con Fidel y un grupo de Izquierda, muy buena, muy revolucionaria, muy radical, en el año 71. Ellos criticaban al presidente Salvador Allende, porque el presidente chileno movía las cosas políticamente, para acá, para allá. Lo criticaban por los manejos políticos. Fidel les dijo: ‘Ustedes se basan mucho en lo doctrinal, pero les voy a decir algo. En Chile la revolución la hace Allende, o no la hace nadie’. Se cumplió ese principio. Se trata de ver cómo podemos hacer la unidad.
Creo que hay dos elementos fundamentales de la unidad: defender los intereses de la nación por encima de los intereses de los grupos, y defender los principios éticos y morales. Creo que teóricamente todo el mundo está de acuerdo con esto”.
Dentro de la experiencia socialista, se revaloriza lo que implica como batalla cultural…
“La mejor experiencia, la más importante con relación a los errores que se cometieron y la crisis de la llamada Izquierda, es que la Izquierda cometió el error de alejarse de la cultura. Hablé de la reforma de Córdoba, de José Ingenieros, de Mariátegui. El error fue desviarse de todo eso, y se cae o en un intelectualismo academicista, ajeno a la realidad, o se cae en una politiquería barata. Y eso pasó en el siglo XX con la Izquierda. Hay que aprender esa lección. Debemos no recriminarnos. Siento mucho dolor con los militantes comunistas que lucharon tanto y que vieron morir ese sistema. Pero los jóvenes deben aprender la lección, a beneficio de inventario. Le decía a un político mexicano que si los políticos se dieran cuenta de la fuerza que representan los intelectuales, harían cultura por razones política. Y cuando digo intelectuales no me refiero sólo a los artistas, a los escritores. Me estoy refiriendo a los maestros, ingenieros, científicos, técnicos. Les digo por experiencia que es una fuerza política enorme. Hay que introducirse en las universidades, en las academias, en los centros de investigación, etc…”.

CLAUDIA KOROL

Publicado en “Punto Final”, edición Nº 891, 22 de Diciembre 2017.

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