Punto Final, Nº 894 – Edición del 9 de marzo de 2018.
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La agonía de las araucarias

La situación de la araucaria araucana preocupa al pueblo mapuche pewenche de los lof de Curarrehue, Santa Bárbara y Lonquimay. A principios de 2016, guardaparques de la Corporación Nacional Forestal reportaron sequedad inusual y repentina en hojas y ramas de ejemplares adultos y jóvenes. Se cree que los responsables serían hongos, el cambio climático, y la cada vez más aguda escasez de agua. Según la Conaf, el 93% del bosque adulto de araucarias tiene algún grado de afectación, y la mortandad de ejemplares es del 8%.
Para investigadores de la Universidad de la Frontera -ver PF 887-, la grave situación que vive la araucaria o pewen “se debe a los estragos causados por los incendios forestales; la sustitución del bosque nativo y la invasión del monocultivo, en especial pino insigne y eucaliptus globulus; la extensión de los periodos de sequía, causada por el cambio climático, y la recolección indiscriminada del piñón (o nguilliu, en mapudungún), por turistas y forasteros de las comunidades pewenche”.
La araucaria araucana puede alcanzar 50 metros de altura. De corteza gruesa y rugosa, y hojas perennes, es de las especies más longevas del mundo: puede superar los 1.500 años. En Chile se halla el 75% de la población total de la especie nativa de Chile y Argentina, en las cordilleras de los Andes y de Nahuelbuta. Sus bosques han sido extensamente intervenidos por explotaciones forestales.
En Chile, el área de ocupación corresponde a 2.611 kilómetros cuadrados, la mayoría bosques protegidos en territorio pewenche, dentro de parques y reservas. De las 7.453 hectáreas de bosques costeros, solo 2.537 se encuentran protegidas en el Parque Nacional Nahuelbuta. Según Environment Programme World Conservation Monitoring Centre, que utilizó imágenes satelitales, el bosque nativo -incluyendo las araucarias- está desapareciendo. En efecto, desde 1977, el 64% ha desaparecido. De acuerdo a World Wildlife Fund, los bosques que no están dentro de las áreas protegidas “pertenecen a privados y se encuentran alterados principalmente por la extracción de semillas, incendios, explotaciones madereras, ramoneo y sustitución”. Durante 2001 y 2002, miles de hectáreas de bosques de araucaria sufrieron incendios en el sur de Chile. Sobre 8.300 hectáreas de bosque nativo se quemaron. En el Parque Nacional Conguillío se incendiaron 1.600 hectáreas de bosques de araucaria araucana, algunas de dos mil años.
Bosques Sin Forestales puntualiza que en la Reserva Nacional China Muerta -que posee 12.825 hectáreas-, según bomberos y lugareños, la realidad del incendio de 2015 se estimó en más de 10.000 hectáreas. China Muerta tenía la mayor reserva de araucarias milenarias. Denuncian que Conaf la mantenía “abandonada y sin resguardo”.

INCENDIOS Y RECALIFICACION
Joaquín Meliñir, hijo del lonko Ricardo Meliñir, de Quinquén, denuncia que su comunidad ha perdido “miles de hectáreas de bosque nativo por incendios”, recordando, “acciones inescrupulosas, por particulares y colonos que han incendiado bosques para reemplazarlos por pinos”. En el verano de 2017 devastadores incendios destruyeron más de 460.000 hectáreas, registrando la más intensa y destructiva temporada, que incluyeron tormentas de fuego que dieron origen a incendios capaces de impactar en la atmósfera.
Incendios forestales han afectado a las reservas Conguillío, Malleco, Tolhuaca, China Muerta, Vilucura y Tracura, consumiendo miles de hectáreas de bosque nativo. Según la Conaf, el incendio más grave afectó a China Muerta, involucrando una superficie de 6.599 hectáreas: más del 50% de la reserva. Imágenes satelitales del Laboratorio de Teledetección Satelital del Departamento de Ciencias Físicas de la Ufro revelaron el punto exacto donde se iniciaron las llamas el 14 de marzo de 2015, determinando que el incendio fue intencional. Considerando las evidencias de los incendios, se generan muchas interrogantes. En zonas donde hay alto interés minero como Lonko Tiukem, camino a Icalma, donde la Minera Lonco pretende extraer oro y cobre. Las araucarias aparecen como un impedimento para estas explotaciones. También Magasa -forestal de Mario García Sabugal-, continúa expandiendo sus plantaciones de pinos y eucaliptus en la precordillera de Cunco y Melipeuco. Muchos dudan de los incendios que han afectado a araucarias y bosque nativo, y que parecen relacionados con intereses mineros y forestales. En La Araucanía, el 25% de la superficie está cubierta por plantaciones de pinos y eucaliptus, reemplazando bosque nativo, de propiedad de CMPC, Forestal Mininco, del grupo Matte, y Forestal Arauco, del grupo Angelini y AntarChile.
En octubre, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) indicó que “es urgente identificar el agente causante de la enfermedad que está matando a la araucaria”, advirtiendo que está “en riesgo de devastación (…) Está por determinarse si es un agente introducido o nativo propiciado por cambios ambientales. No hay indicios de que pueda amainar y, si continúa así, tendrá como consecuencia la devastación de una especie emblemática a nivel mundial”.
Eduardo Cayul Puel, lonko de Mitrauquén, y presidente de la Asociación Trawün Lonko de Lonquimay, dice que el pueblo pewenche está “en absoluto desacuerdo” con la propuesta de un grupo de académicos y científicos de la Ufro de reclasificar la araucaria de “vulnerable” a “peligro de extinción”. “No queremos que nos sigan pisoteando. Las comunidades mapuchepewenche son las que viven de y con las araucarias, y si se declara en peligro de extinción, nos perjudicará. No lo aceptaremos”, dice.
Según David Jouannet, director para La Araucanía de Conaf, las araucarias mantendrán su categoría de vulnerable tras la decisión del Comité de Clasificación de Especies, que espera la ratificación del Comité de Ministros. Las propuestas deberán pasar por un periodo de participación ciudadana, en el cual se podrían incorporar nuevos antecedentes: “El comité de especialistas evaluó los antecedentes para una probable reclasificación y, según los criterios establecidos de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, concluyeron que el árbol endémico no cambiará de categoría. Los especialistas decidieron, dada la condición de mayor vulnerabilidad de la población costera de araucarias, separar las especies de la cordillera de Nahuelbuta, de 20.000 hectáreas aproximadas, y clasificarlas ‘en peligro’; y las araucarias de la cordillera de Los Andes, que registran un promedio de 300.000 hectáreas, mantenerlas en condición de ‘vulnerables’”.

LONQUIMAY Y EL PEWEN
Lonquimay es la comuna que más superficie de araucarias posee. Según Eduardo Cayul, su Asociación representa a todas las comunidades mapuche pewenche de Lonquimay: “Alrededor de 16, organizadas por lof –territorios. Rechazamos la reclasificación, pues no hemos sido consultados. Hoy estamos informados de cuáles son las formas de trato a través del Convenio 169 de la OIT. Nosotros estamos dispuestos a seguir trabajando, luchando, y no bajar la mano en este tema de las araucarias. Como mapuches, también tenemos nuestros saberes. No queremos que se declare en veda el piñón, sí que se proteja la araucaria. Pero no que lo haga una empresa o una institución del Estado sin que nos tome en cuenta. Queremos conversar con las autoridades y ponernos de acuerdo en cómo proteger. Nosotros hemos protegido nuestro árbol sagrado toda la vida, y no solamente el árbol, también nuestro territorio, y todo lo que nuestra cosmovisión cuida. Nadie nos puede enseñar cómo cuidar el pewen. Somos quienes más sabemos de eso. Nuestros ancestros nos enseñaron cómo cuidar la naturaleza y ése es nuestro trabajo”.
Agrega Eduardo Cayul: “Para proteger no se debe dañar. Vivimos y conversamos con la naturaleza, las autoridades chilenas no entienden eso. Para nosotros, no hay que cortar un pewen, nunca, no se utiliza para nada, es sagrado. Hubo un tiempo en que se arrasó y explotó indiscriminadamente, entre 1930 y 1970, a través de empresas privadas, pero fue ordenado por el Estado. Probablemente ahí donde se explotaron araucarias hay algún problema de crecimiento o de renovales, pero en las comunidades no existe ese problema de regeneración. En el lugar donde yo vivo no se están secando las araucarias.
Donde hay plantaciones exóticas, sí tienen problemas, y podría ser porque las forestales consumen mucha agua… A las comunidades también llegaron con engaños, a plantar árboles que hoy están afectando, porque se están secando las aguas de los territorios. Una araucaria para crecer necesita armonía de parte del humano en el territorio, no dañarle su entorno. Si hay otros árboles, que ojalá todos crezcan en forma natural… Mi comunidad se llama Francisco Cayul, en Mitrauquén, nos dedicamos a la pequeña crianza de corderos, vacunos y cabras. Empresas han intentado entrar, haciendo estudios, pero sin consultarnos. Hemos tenido problemas con un parque eólico, y salimos a defendernos pues no permitiremos que destruyan nuestro territorio. Buscan producir energía eléctrica, pero sin dejarle nada a la comunidad salvo contaminación, bosques destruidos y agua robada. Tenemos derechos como pewenche, el pewen es nuestro, ancestralmente. Vivimos de la recolección, y cuando científicos dicen que se recolecta indiscriminadamente, no es así. Discrepamos que se responsabilice al pueblo pewenche por el estado del pewen. El uso no maderero de los bosques de araucarias los pewenche lo hemos realizado desde tiempos ancestrales, aprovechando el nguelliu, la semilla, como base fundamental de nuestra dieta”.
La propuesta de calificación cita un estudio de campo realizado en Lonquimay en 2014, que concluye que la localidad que presenta mayor cantidad de plántulas incorporadas de un año a otro es Quinquén, que además presenta la menor carga animal y de recolección de piñones por hectárea: el porcentaje de semillas que quedan en el bosque a partir de la temporada anterior y que germina, fluctúa entre 1% en Mallín del Treile y Cruzaco, y un 3%, en Quinquén. “Si bien son cifras que generan preocupación, hay que aclarar ciertos elementos, desde la realidad y conocimiento pewenche: respecto de la regeneración del pewen, a pesar de que el mundo científico indique que el pewen llega a una edad madura y empieza a producir semillas después de los 50 años, basado en la observación y en la transmisión de conocimiento de una generación a otra, se puede indicar que es en menos tiempo, 25 ó 30 años. Además, el pueblo pewenche sabe del ürkütun o descanso de los pewenentu (bosques de pewen), ya que hay épocas, cada tres o cuatro años, aproximadamente, cuando los pewenes no dan frutos, y descansan, siendo este un ciclo natural. Aunque la araucaria produce cerca de cien kilos de piñón o nguelliu, no todas las semillas germinan ya que existen distintas etapas de maduración, que son determinadas por factores ambientales. Las más fuertes se regeneran, germinan y crecen como plantas jóvenes en la época llamada konal puken, donde se producen los nuevos pichike pewen. El resto de los piñones, si no se recolectan, se secan y no se regeneran. Ejemplo de lo anterior es lo observado en China Muerta, que luego del incendio que la afectó, fue bombardeada con una gran cantidad de piñones, de los cuales, casi ninguno germinó”.
Sobre el consumo que hace la fauna silvestre, los pewenche saben que “existe el yalyal, que es la interacción con roedores que recolectan y guardan piñones, haciendo rumas, siendo estos mismos montones los que pueden regenerar una araucaria”. Respecto de la fauna exótica, especialmente el ganado, “que son señalados como ávidos consumidores de piñón, lo primero que hay que indicar es que la población pewenche en décadas anteriores poseía una mayor poblaciones de ganado doméstico que en la actualidad, además de poseer y ocupar mayores extensiones de tierra que las que ocupa actualmente. Los pewenche poseen el conocimiento propio para hacer compatible la crianza de ganado con la protección del pewen. Es por eso que en épocas de recolección de piñones se apartan los animales, actividad que se mantiene y se exige hasta el día hoy, por lo que el consumo que se realiza por nuestro ganado es mínimo”, informa Eduardo Cayul.
Según la revista científica Applied Geography, entre 1973 y 2008 han desaparecido alrededor de 275.000 hectáreas, es decir, cerca de un 50 por ciento del bosque nativo. Según la Ufro en ese mismo periodo las plantaciones exóticas aumentaron en 366.000 hectáreas, casi un 2.000 por ciento. No es producto de la casualidad. Obedece a políticas públicas que han fomentado las plantaciones forestales, principalmente exóticas, gracias al Decreto Ley 701, de 1974, de subsidio a las forestales.

ARNALDO PEREZ GUERRA
En Melipeuco y Temuco

(Publicado en “Punto Final”, edición Nº 894, 9 de marzo 2018).

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