19 de febrero de 1999

Iquique, el puerto neoliberal

Chile hoy

 

Los viejos iquiqueños añoran su puerto de hace treinta años, con poco más de 50 mil habitantes y una tranquilidad tal que les permitía sacar las sillas fuera de sus casas y ponerse a mirar cómo pasaba la tarde. Era un puerto alegre y pequeño. Una "ciudad a escala humana", como diría Manfred Max-Neff; todos se conocían y siempre se hablaba de un gran proyecto económico que transformaría la ciudad en "el primer puerto del norte".

De esa época datan las perforaciones que efectuó ENAP en la Pampa del Tamarugal. Un diario de la época -"El Tarapacá"- publicó en tipos de quince centímetros la palabra mágica: ¡Petróleo!... Pero el oro negro nunca salió de los pozos, sólo agua.

Pasado el tiempo la esperanza se trasladó a unas calizas que harían de Iquique "el primer productor de cemento". Finalmente, un recurso muy variable como es el pesquero le dio el primer triunfo a esta tierra de campeones: una bahía con una inmensa flota pesquera y numerosas fábricas de harina de pescado de cuyo proceso emanaba un olor muy desagradable, pero los iquiqueños lo definían como "olor a progreso". Muchas de estas fábricas se armaban como un "mecano" lo que sirvió para desarmarlas rápidamente cuando el recurso anchoveta tomó otros rumbos. Dio ocupación a toda la mano de obra local, que no fue suficiente, por lo que se inició la migración de población nueva. Cuando la industria pesquera iniciaba su ocaso, por el mismo mar que zarparon decenas de goletas pesqueras comenzaron a arribar buques con mercaderías extranjeras, principalmente norteamericanas y asiáticas, que dieron inicio a la Zona Franca de Iquique (ZOFRI), la actual veta de oro de la ciudad, convertida en vitrina del modelo neoliberal en Chile.

 

ZOFRI Y EL NUEVO IQUIQUEÑO

 

Con 23 años -ZOFRI- es una muchacha estupenda, con atributos suficientes para mantener trabajando duramente a los nuevos iquiqueños (y a algunos viejos también). Genera 15 mil empleos directos y 30 mil indirectos (transportes, hoteles, empresas de viaje, etc.)

Se podría pensar que todos los iquiqueños están contentos con esta niña bonita. Pero no es así. Buena parte de los usuarios de ZOFRI son extranjeros (coreanos, chinos, japoneses, paquistaníes, hindúes, etc.). Ellos sí están felices. Sus negocios se amplían regularmente gracias a las franquicias que se les brindan.


JORGE Soria Macchiavello, diputado que renunció al PPD. Su padre, el alcalde de Iquique, podría disputar un sillón en el Senado.
Los que trabajan para estos empresarios ponen la nota triste en este cuento: reciben sueldos bajísimos que -como en ZOFRI se habla sólo en dólares- bordean los 200 al mes. Es decir, 80 o 90 mil pesos en la moneda nacional. El horario de trabajo, en lo que es ventas al público o mall, desde hace seis meses se extiende de 11 de la mañana a las 9 de la noche, en forma continuada. Antes los iquiqueños defendieron por más de veinte años la doble jornada laboral que les permitía dormir su tradicional siesta, lo que desconcertaba a los turistas que a la una de la tarde quedaban con sus compras inconclusas y debían volver a las cuatro a la ZOFRI a continuarlas.

El actual modelo económico ha cambiado dos aspectos políticos de la zona. El primero, la dependencia del gobierno central que se ha ido diluyendo por la confianza que hoy se tiene en los recursos propios. Buena parte de sus utilidades se aprovechan en la zona, tanto en Iquique como en las cinco comunas de la Región de Tarapacá. ZOFRI entrega el 15% de su producto bruto a la zona. Aquel ha aumentado de 220 millones de pesos en 1990 a 2.200 millones el año pasado.

El otro aspecto político que destacaba a la zona desde comienzos de siglo, su poderoso movimiento sindical, ha ido desapareciendo en el laberinto de la legislación laboral que sirve de sustento al modelo neoliberal.

A esto ha contribuido el espíritu "trabajólico" con que llegó el foráneo que se hizo iquiqueño. No le importa trabajar doce o más horas diarias, de lunes a lunes, ni que los hijos lo vean sólo un rato los domingos por la tarde. Lo importante es ganar más dinero para comprar un televisor más grande u otro artefacto suntuario y que alcance para pagar el arriendo que, comparativamente en Iquique, es más caro que en Santiago.

El Iquique de los años 70, con 65 mil habitantes, sucumbe, como "La Esmeralda", ante los 190 mil habitantes de estos días. Los dos tercios de "nuevos iquiqueños" se imponen, en muchos aspectos, al tercio de iquiqueños de origen.

 

"CIUDAD INTERMEDIA

DE RANGO MENOR"

 


LA playa de Cavancha, al fondo la península con edificios construidos en los últimos tres años.
Técnicamente, según los sociólogos, Iquique recibe este largo nombre. Es una ciudad en expansión que, a diferencia de épocas pasadas, ya no depende de un producto o de un milagro. Sus potencialidades no sólo están en el comercio de importación y exportación, sino también en la minería del cobre, con miles de millones de dólares de inversión, en la actividad inmobiliaria, en la industria y el turismo. Este último ha logrado un desarrollo importante que se percibe en la construcción de muchos buenos hoteles y en el aumento notable de pasajeros aéreos.

En 1970 el aeropuerto de Iquique estaba prácticamente en medio de la ciudad y llegaban 30 mil personas al año. En 1998 el número de pasajeros por avión sobrepasó las 600 mil personas, que ahora desembarcan en un nuevo aeropuerto a través de una manga semejante a las del aeropuerto internacional de Santiago. La desventaja es que el actual terminal aéreo está 35 kilómetros al sur de la ciudad.

Iquique, al igual que casi todos los puertos de Chile, dispone sólo de una planicie limitada de terreno. Corresponde a un ensanchamiento entre el mar y los cerros de la Cordillera de la Costa. En el caso de este puerto, hacia el norte está limitado porque los cerros caen inmediatamente al mar; hacia el sur el ensanchamiento no sobrepasa los 2 kilómetros como promedio. La solución ha sido subirse al cerro por una vía de 10 kilómetros y llegar a Alto Hospicio, planicie a 500 metros sobre el nivel del mar. Es una extensión de Iquique, encaramada en el cerro. Alto Hospicio es más que un nuevo barrio, porque allí habitan cerca de 70 mil personas. No puede ser comuna porque no tiene ingresos propios. La mayoría de sus habitantes trabaja en el plano iquiqueño.

En los últimos diez años la mayor parte de las soluciones habitacionales han sido a través del subsidio estatal y casas económicas construidas por el SERVIU. Estas poblaciones están rodeadas de "tomas" efectuadas en los últimos meses. Entre ellas destaca "La Negra", con más de mil 800 personas que provienen del centro y sur del país. Llegaron con la ilusión de encontrar solución a su pobreza... Pero en Iquique viven hacinados, sin luz eléctrica ni agua potable. Un camión aljibe les reparte agua algunos días de la semana. Las consecuencias socio-sanitarias son deplorables y de difícil solución en el corto plazo.

El alcalde de Iquique, Jorge Soria, ha ideado otra forma de resolver el problema de vivienda: la autoconstrucción asistida. El terreno es entregado por Bienes Nacionales, la asesoría técnica y grandes maquinarias las aporta la municipalidad y el trabajo lo ponen los pobladores.

Jorge Soria, hijo, diputado de la región, que acaba de renunciar al PPD, apoya la acción de su padre, el alcalde, diciendo que "cuando el poblador recibe incentivos suficientes, cumple con su anhelo de tener vivienda propia". Las mil 200 viviendas de Alto Hospicio, que ya tienen la obra gruesa terminada, han demorado, sin embargo, mucho más de lo calculado.

Uno de los indicadores de pobreza más visible es, sin duda, la vivienda. Iquique tiene un cordón de viviendas provisorias de un par de kilómetros, justamente a la entrada de la carretera que baja desde el desierto.

El sociólogo iquiqueño, Juan Podestá, refiriéndose a la pobreza local anticipa que "ella convergerá hacia un tipo de 'pobreza dura' de más difícil solución y/o erradicación. El nivel de 'pobreza dura' se caracteriza porque está asociada no sólo a factores económicos y territoriales, sino que también deberá asociarse a factores socio-culturales". Agrega Podestá: "Esta 'pobreza dura' se verá forzada por corrientes migratorias y multirraciales. Nuestra ciudad recibirá muchos peruanos, bolivianos y paraguayos, así como migrantes aymaras, chilenos y migrantes de otras regiones del país que buscarán en Iquique la nueva California; dada su procedencia estarán marginados de todo beneficio laboral: salud, previsión, capacitación, vacaciones y remuneraciones equitativas".

Enfocándola desde el punto de vista estrictamente social, la pobreza toma rumbos peligrosos: aumentan de modo notable el narcotráfico, la prostitución y la delincuencia. La juventud de estos sectores cae en la drogadicción. El mayor consumo es de pasta base en forma de cigarrillos ("monos").

Las cárceles iquiqueñas están ocupadas en un 80% por traficantes de drogas. En su mayoría no pueden considerarse delincuentes ya que -con la pretensión de ganar dinero fácil- aceptaron servir de "burros" en el transporte de decenas o cientos de gramos de cocaína. Hay familias enteras detenidas por este delito. Para el OS-7 el problema está controlado y no ha tenido aumento significativo en los últimos años. Los récors del organismo policial señalan un decomiso de cocaína que alcanzó los 85 kilos con 700 detenidos en 1998. Por consumo, el año pasado, la cifra de detenidos alcanzó a las 200 personas. Por tráfico de marihuana se detuvo a 190 personas y, por consumo, a 150.

 

EL SUNAMI Y

EL SEGUNDO ACCESO

 

Los iquiqueños desean tanto que no ocurra un sunami como que se concrete el segundo acceso a la ciudad. Ambos son temas recurrentes de conversaciones. Geológicamente las Placas de Nazca, ubicadas en el mar de esta zona, se acomodan cada cien años, más o menos, provocando terremotos y maremotos. Estamos con los cien años recién cumplidos. Una especialista en el tema viajó desde Santiago y entregó estos detalles teutónicos: puede ocurrir un terremoto y la correspondiente salida de mar o sunami. Inmediatamente la ciudadanía iquiqueña la declaró persona non grata...

Algunos -o muchos- se preocupan, con justa razón: la forma de escapar a la furia telúrica sería subiendo el cerro y para ello sólo existe una carretera con una pista de subida y otra de bajada.

El trazado de la vía es tan antiguo que es el mismo por donde bajaron -a principios de siglo- tres mil trabajadores salitreros con sus familias a pedir a la autoridad de la época mejores condiciones de vida. Se les encerró en la Escuela Santa María y el gobierno respondió con balas, sesgando la vida de cientos de ellos. Hoy, en la esquina de dicha escuela junto al mercado municipal, una modesta placa recuerda esa tragedia. (Ver págs. 10 y 11).


LA mansión de un empresario árabe, usuario de la Zona Franca de Iquique (ZOFRI).
A esta carretera de dos pistas, se pretende dejarla como el "camino viejo" de Iquique y hacer uno nuevo que sería el políticamente manido "segundo acceso". Está lejos de construirse, pero ya ha servido para llevar al Parlamento a una diputada de la Concertación que, en su campaña, ofreció, graciosamente, mil millones de pesos del presupuesto de Bienes Nacionales (acababa de dejar el cargo de Seremi de ese ministerio) para la construcción de la vía. Seguramente los electores que agradecieron con su voto esta generosidad no sabían que los presupuestos de un ministerio no pueden pasar a otro así, de una plumada... Antonella Sciaraffia Estrada no sólo ganó un asiento en la Cámara. También dejó sin representación parlamentaria en esa rama a la derecha iquiqueña que pretendía mantener por otro período a su representante, Ramón Pérez, que con mucho tesón volvió a ponerse al frente de su empresa: la más importante funeraria local.

 

POLITICA LOCAL

 

Y como este año es de elecciones, políticos de todos los sectores han vuelto a ofrecer la construcción de la más cara de las obras públicas de esta zona. Pero al "segundo acceso" de Iquique le queda vida política hasta más allá del 2 mil. Se afirma, aunque él lo niega, que Jorge Soria Quiroga, alcalde de Iquique, postularía a una senaturía por Tarapacá en el próximo período. El alcalde Soria, que es un político de infinitos recursos, tiene hasta un trazado propio para el "segundo acceso". Pero la tarea electoral no le será fácil, ya que significaría quitarle el cupo al actual senador de Renovación Nacional, Julio Lagos, que se hiciera conocido en la tele al aparecer siempre guardándole las espaldas a Pinochet en la Cámara Alta.

También se asegura en los corrillos políticos iquiqueños que de ser electo senador el alcalde Soria, Ramón Pérez postularía a la alcaldía con muchas posibilidades de ser elegido.

Pero las probabilidades políticas son tan inciertas como el sunami o la construcción del "segundo acceso". En tanto los iquiqueños nuevos -que son los más- y los viejos, que se adaptan de algún modo a los primeros, siguen trabajando con entusiasmo por su ciudad que no tiene hacia dónde crecer. Por ello, los edificios en altura se multiplican, a pesar de la crisis asiática (ninguna autoridad reconoce públicamente que en esas construcciones podría haber inversiones del lavado de dinero). Los problemas viales son serios debido a la cantidad excesiva de vehículos. Iquique debe ser una de las pocas ciudades del país donde tener un automóvil -incluso un Mercedes Benz- no da estatus. En la Zona Franca se puede adquirir un auto de los años 80 desde 200 mil pesos, funcionando. Si posteriormente tiene una falla mayor sale más barato abandonarlo en el frontis de la casa (paisaje habitual de las calles iquiqueñas) donde el clima salino termina por carcomerlo, y comprarse otro.

Muchos iquiqueños piensan que el intercambio cultural ha sido positivo para este puerto. Sin embargo, no está bien claro, por ejemplo, el origen de la extraordinaria importancia que ahora se le da en la ciudad a la celebración de la Navidad. Durante más de una semana una cincuentena de vehículos, adornados con motivos navideños, recorren la ciudad con gran algarabía, repartiendo en algunas esquinas puñados de confites a los niños. Las viviendas se llenan de luces en sus frontis y adornan las chimeneas con viejos pascueros.

Aunque los 365 días del año flamea una inmensa bandera chilena en mitad del cerro, la chilenidad en Iquique, antes del auge, no pasaba del respeto a los símbolos nacionales. Ahora la cueca, un baile que antes se veía sólo en algún acto escolar, se baila tanto como el vals peruano. Hay ocho conjuntos folclóricos, con más de 500 socios, reunidos en una federación. Difunden no sólo la cueca, sino también juegos y costumbres del sur del país y se aprontan a iniciar la construcción de la primera medialuna iquiqueña, para la que ya cuentan con el terreno.

Para concluir, dejemos que el sociólogo Juan Podestá, estudioso de Iquique, diga la última palabra: "Hoy Iquique no es lo que fue, y no se sabe a ciencia cierta qué es lo que podrá ser. Su futuro dependerá de lo que seamos capaces de hacer"

 

LUIS HENRIQUEZ ALVAREZ

(Texto y fotos)

 

 
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